A titokzatos stylesi eset (The Mysterious Affair at Styles)

Péter Lichter (2022)

Péter Lichter vuelve a concatenar un barroco y maquinal organismo cinematográfico, esta vez a partir de películas que van desde finales del XIX hasta los años 30. Siguiendo la estética de Barokk fémina (2020) y basándose en la primera novela de Agatha Christie, «El misterioso caso de Styles», el cineasta, crítico y alquimista húngaro consigue volver a elaborar una película-frankenstein aunando múltiples tipos de edición.

La premisa de un asesinato que será resuelto siguiendo una serie de pistas y procedimientos encadena de forma perfecta con la dinámica de Lichter de componer fragmentos recortados, editados, intervenidos o desfigurados en torno a diversas relaciones de aspecto. Así pues, mediante la propia forma del film, el proceso se desenvuelve como un verdadero puzle o collage con múltiples capas, conducidas por la voz del narrador; el famoso detective de las novelas de Christie, Hércules Poirot. Entre las más de cien películas que Lichter utiliza para dotar de aspecto visual a una narración de hechos escritos se encuentran obras cumbre del periodo mudo y del cine primitivo. Y es en ese tiempo, cuando el descubrimiento y la experimentación estaban a la orden del día, donde se puede encontrar una conexión con las medios que el cineasta utiliza para reconducir sus imágenes. Pareciera que en la película hubiese una disolución de todas las demás cintas en la narrativa y viceversa pero que, lejos de ilustrar o poner cara a los personajes y acciones, el film desarrolla una propuesta en la que los papeles cambian al poner énfasis en la transmutación de las imágenes encontradas y sus nuevas funciones a través del montaje y la unión de estas (en espacios iguales y distintos). En A titokzatos stylesi eset (The Mysterious Affair at Styles) prima el montaje visible, simultáneo y a un mismo nivel dentro del plano así como la simbología de cada movimiento tomado de las películas ajenas. Así se crea una moción acorde a los designios del narrador, una fantasía que se basa en el suspense y en los giros más típicos de la novela policiaca para desvelar el caso en sí y otorgar nuevas visiones de la reconstrucción del caso (que es nada menos que la reconstrucción de todas las películas utilizadas).

Lichter construye destruyendo, despega las imágenes de su contexto y les da uno nuevo haciendo que sean, a su vez, nuevas. Con cada pequeño detalle agregado a las, ya de por sí intrincadas vistas, el cineasta consigue dotar a la múltiple pantalla de un carácter narrativo vanguardista y también clarificador. Porque en su aparente dificultad (por exceso de información visual) se encuentra una consecución lógica para con lo que se narra. Es decir, todas las imágenes de películas, videojuegos y demás intervenciones digitales in situ tienen su porqué y su razón de ser de cara a generar y responder a lo acaecido en la escena del crimen.

El cine de Péter Lichter siempre ha sido detectivesco sin llegar a ser del todo quirúrgico. El húngaro siempre se ha interesado por la descomposición y recomposición de la(s) historia(s) del cine a través de sus imágenes icónicas (y no tan icónicas), llegando a mostrar los procedimientos de trabajo para llegar a un punto concreto; un nuevo nivel iconográfico. Con este nuevo film se demuestra que, en sí, las imágenes no significan nada, que no hay hay «fondo y forma», o «forma y contenido» sino que todo es forma. Que la forma da origen a un fondo mediante una serie de significaciones por contexto y situación.

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