Azul profundo

Sebastián Wiedemann (2021)

No es la primera vez que entramos en el Azul profundo, ya sabemos que en él, todo gesto sensible es un gesto cosmogenético. Ya sabemos que en él, el mundo se afirma como cinematógrafo cósmico y todo es cine. Somos cine y el cine está en todas partes, así como más literalmente somos imágenes entre imágenes.

Sebastián Wiedemann refiriéndose a Henri Bergson

Sebastián Wiedemann es un cineasta, pero, ante todo, es un filósofo. Su obra se extiende desde la universidad hasta la sala de cine conjugando lo prolífico con lo inestable, lo interesante con lo metafórico… Dentro de lo prolífico de su obra, la cual mezcla diferentes fuentes, estilos y reclamos no terminando de consolidarse para bien o para mal, Azul profundo puede que sea la película cuya lectura extra-cinematográfica más predomina ante la estructura y cualidades visuales de su forma intrínseca.

Partiendo de un concepto filosófico amplio, que bebe principalmente de los postulados de dos filósofos que han tratado el cine específicamente (Henri Bergson y Gilles Deleuze), Wiedemann elabora una atractiva matriz que tiene como origen y destino el mar. El agua vista desde un prisma, a veces pretendidamente cósmico, otras científico, que da vida (audiovisual) a su tesis dentro de un marco sonoro impresionante. Desde sus planos estrictamente calculados hasta el equilibrio simétrico de algunas imágenes que danzan entre medusas, performers e impresiones macro y microscópicas, la «tonalidad afectiva» se une al «pragmatismo especulativo». La filosofía de la diferencia de Deleuze y Guattari adherida a una estética de alta definición y una obvia conexión «pre-individual».

¿Hay verdaderamente acuosidad en Azul profundo? ¿acaso podemos mirar más allá de su forma para apreciarla realmente? Tras el rastro del buzo que hace de la mujer desnuda una estrella en la oscuridad de un mar azul y ante la certeza de que lo pequeño está unido a lo grande (es decir, que la escala importa) quizá solo nos quede «asombrarnos» con los ingeniosos planos de Azul profundo, cuya tonalidad se une al corpus del escrito de Wiedemann… Dentro de un vitalismo que comienza a parecer poco útil artísticamente, la obra de Wiedemann se sostiene sobre los pilares de la experimentación más heterogénea e irregular. Desde Los (De)pendientes hasta aquí, pasando por Obatala Film, el trabajo del cineasta colombiano parece tomar derivas muy variadas, sin llegar a sacar conclusiones más allá de las letras. Y es que la filosofía aplicada al cine es distinta al cine filosófico. En un lugar donde la flotación de los cuerpos se mantiene gracias al movimiento atrapante de un objetivo demasiado poco humano, es difícil llegar a sentir el afecto del que tanto se habla, teniendo en cuenta el ritmo musical que acompaña el carácter performativo de la película.

Con Azul profundo, el que otrora fuese miembro del colectivo Obscuritads, dota a sus palabras de imagen y sonido para intentar dar forma a sus ideas de un modo atractivo. Sin nacimiento ni muerte, solo con un origen y un destino que se entrecruzan dentro de una atmósfera estéticamente interesante pero, desafortunadamente, poco esclarecedora en términos cinematográficos, el film de Wiedemann toma un interesante bagaje intelectual para aplicarlo a una imagen que, por momentos, se siente fría dentro de su contundencia. Como agua vista desde el agua: sin perspectiva, pero con el suficiente interés como para ahondar en su profundidad azul y quizá rescatar algo de su interior.

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