朝の夢 (See You in My Dreams)

Shun Ikezoe (2020)

«Para cuando te despiertes, es posible que se hayan ido.»

Lo vertiginoso de un paseo por la memoria que sale del hogar, ora iluminado, ora oscuro, se trasforma en pura estabilidad a partir de un plano fijo de un lago por el que pasa un bote… La película de Shun Ikezoe se coloca entre la metáfora y el realismo poético partiendo de una estética de vídeo casero. En See You in My Dreams una mujer despierta de un sueño en el que caminaba por un festival de la ciudad, lo cual la lleva a recordar su juventud, su primer amor y su vida mediante el vagabundeo más hermoso.

Rastro de tiempo y de grano que se evapora entre paseos y esperas, la película de Shun reconduce su narrativa en varias ocasiones para crear y recrear espacios vacíos que terminan en una primera cita tan importante como banal parece a simple vista. La unidad en el amor en la pareja y lo delicado de un encuentro que podría firmarlo un Hong Sang-soo interesado en el material encontrado amanecen en See You in My Dreams como retazos de un tiempo perdido que se recobra. Shun hace de su film un ingenioso poema en blanco y negro que recurre al color en un momento esencial para así reencontrar las imágenes perdidas de un pasado no filmado. El estilo de película doméstica que define See You in My Dreams sirve para dar vida a una recreación de un hecho real muy cercano al joven cineasta. Para él su abuela, ahora moribunda, fue como su madre debido a que lo crio con afecto inquebrantable durante su niñez y Shun, muchos años después, fue grabando la historia de su primer amor par así poder dar forma a este film.

Ante la certeza de que la casa donde ella vivía iba a perderse, el cineasta grabó la voz de sus recuerdos mezclándola con el aliento del viejo hogar en la banda sonora, para después crear una ensoñación realista en 8 mm. Encontrándose entre la Tierra Pura (cielo budista) y lo más terrenal, See You in My Dreams se configura como un canto al amor que se torna sensibilidad absoluta dentro de una imagen con un grano envidiable. En ella se construye una narrativa mediante la liquidez del deambular de los cuerpos y la voz de una persona que convierte su historia en cuento. Sueños convertidos en evocación del recuerdo, almas que se transforman en espectros paseantes y un estadio entre la vida y la muerte se abren ante nuestros ojos de manera delicada y abrupta al mismo tiempo. Desde el principio del film en el que vemos un pasillo que se ilumina y se oscurece por momentos, como avecinando un parpadeo vital que se manifestará posteriormente en los diálogos, somos testigos de la poética que Shun consigue crear a partir de la memoria de su abuela. Si a esto le sumamos los múltiples cortes a trompicones, que sin duda recuerdan a A bout de souffle de Jean-Luc Godard, denotando lo perdida que está la abuela en su lecho de muerte al igual que el deambular aleatorio de la misteriosa chica, figura presente que juega un doble papel dentro de la película, podremos también entender como la influencia de los grandes maestros se destila para crear un estilo propio. Entre el sueño y el recuerdo, se teje un film capa para elaborar un cariñoso romance entre el aliento de muerte y la vida recobrada en forma de memoria sin apenas notarlo. La artesanía de Shun y su mutismo gestual se pueden comparar a los de un cineasta profesional con corazón amateur y gusto por lo sencillo. Un Mizoguchi callejero, con una transición en barca entre dos mundos incluida, que aúna lo viejo y lo nuevo para crear poemas audiovisuales.

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