S4D3

Raúl Perrone (2021)

Raúl Perrone, prolífico y siempre inventivo, regresa con una nueva película que, en cierto modo, recupera lo explorado en Cínicos, Cosimi y Expiación. Con S4D3, un film que explora desde diferentes puntos de vista, épocas y texturas, la figura más superficial e indómita del icónico Marqués de Sade, el cineasta de Ituzaingó sigue demostrando que su espíritu juguetón, joven y no menos serio y esteta sigue en vigor.

S4D3 es un film que bebe de la literatura erótica del siglo XIX sin reducirse a un compendio de escenas subidas de tono (contrario a lo que se pueda pensar antes de verla, la de Perrone no muestra ni siquiera una nalga) que mezcla motivos actuales tanto visuales como musicales con la obsesiva estilización que a cada fragmento del film corresponde. Entre L’Inferno de Giuseppe de Liguoro y una apropiación corsaria de los films de época, S4D3 se comporta como una bacanal que se transforma en oscuro abismo; un viaje por los recovecos de la noche y el día más abrasivos que muestran a diferentes «Sades» en diferentes tiempos históricos. La influencia de su pasado film 4LGUNXS PIBXS puede verse aquí en cuanto la película parece dividirse en actos que obedecen a una estética particular, pero, lejos de quedarse ahí, Perrone opta por abandonar esa lógica y transformar, a mitad de metraje, lo que parecía ser una película estructurada en actos en algo totalmente caótico (en un muy buen sentido). Con S4D3, Perrone deja de lado lo teatral y juega con el espacio y el tiempo que se vuelven volubles llegando a amenazar a los propios personajes. Como si de un televisor maldito se tratase, el escenario va cambiando de emisora mientras las mujeres que se topan con Sade (en esencia, un hombre vil y obsesivo) pasan de una realidad a otra a modo de zapping decimonónico. Desde un París modernizado y a la vez antiguo debido a la ambientación y a los ropajes, hasta una serie de salas, bosques y espacios incognoscibles que se retrotraen a un mundo de lujuria contenida y pesadilla gestual, la iconografía de los tiempos se adueñará de cada individuo, convirtiéndolos en marionetas de un destino líquido.

Película de reflejos, de espejos deformantes que tergiversan el curso de los acontecimientos, S4D3 alude indirectamente a la frase de la Ley del Talión (cuento del Marqués) que dice así: «hay que hacer descripciones pues ¿qué ocurriría si no cuidásemos las descripciones en un siglo en el que solo hay demanda de cuadros, en el que incluso una tragedia puede no ser aceptada si los vendedores de telones no ven en ella seis cambios de decorado, por lo menos?».  Entre la descripción que se vuelca en la película partiendo de la estilización brutal a la que Perrone acostumbra desde P3ND3JO5 y el oropel de las grandes y pomposas obras de teatro y ópera que tuvieron su lugar en el siglo XIX, se construye una idealización burlona y rebelde de uno de los mitos del intelectualismo contemporáneo. Perrone hace de su galán poco más que un animal depresivo, excéntrico y vulgar que desata su violencia por medio de la forma propia del film y no por sus actos. Su siglo no es el XXI, sino el XIX, que aparece tras la imagen de un reloj y a la vez lo es, al igual que los anteriores y posteriores… La imagen deformada aparece como contestación a un desfase temporal de doscientos años que se cobra la propia esencia del film para acabar mezclando conceptos e imágenes que se destruyen en una especie de cosmos salvaje y desconcertante, pero que si se mira bien resulta un claro ejemplo de romper con los cánones de adaptación cinematográficos. Desde las referencias populares a los Beatles, pasando por los cuadros en claroscuro de Judith y Holofernes de Caravaggio, Edipo y la esfinge de Jean Auguste Dominique Ingres, hasta llegar a la música, ya sea un remix acelerado Vivaldi, Che Cumbe o Negro Dub, se va acrecentando la metáfora visual de dominación y subyugación desde el poder y el sexo (masculino). Perrone coge lo esencial de la figura de Sade y lo configura de tal manera que termina por definirlo sin necesidad de dotarlo de gran profundidad psicológica. En las escenas donde lo vemos beber, cazar y gesticular ante la cámara se demuestra su desquiciante crueldad y su obsesión (llegando hasta el punto de que no puede ni ver a una mujer con un cristal de por medio, apareciendo éste quebrado). No hay límite entre Sade y las mujeres, ni moral ni físico y la película hace gala de ello deviniendo locura insana que va más allá de pedanterías, insinuaciones y pornografía intelectual.

S4D3 es una película basada en la imagen que batalla con el sonido para acabar muriendo y reviviendo en forma de cuerpo perdido en la negrura de un escenario por el que corren actrices despavoridas, por el que la cámara se mueve perseguida o persiguiendo o se queda quieta re-creando cuadros. Escenario por el que la repetición de los diálogos y las voces fantasmales en reverso se hunden en la mirada más festiva de la que Perrone ha hecho gala. Tal como existen múltiples capas de video, existen multitud de dimensiones de lo sadeano. Perrone nos brinda algo nuevo a la vez que recalcitra un imaginario colectivo (ese plano del decapitado que remite a L’Inferno) para lograr una obra desquiciante entre estrepitosos vaivenes lúdico-terroríficos.

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