Lo que puede un cuerpo / Screening LAV #05

Introduciendo las tres películas de este nuevo screening de LAV con un fragmento de la Ética de Spinoza, los curadores han decidido congregar tres films que funcionan como exploraciones del cuerpo en movimiento y quizá más del espacio y el tiempo que se generan entre esos cuerpos y el movimiento. Pas de Ciel de Teo Hernández, Ritual in Trasnfigured Time de Maya Deren y Cup/Saucer/Two Dancers/Radio de Jonas Mekas son películas que fijan la materialidad del cuerpo humano en diferentes escenarios y con estéticas en las antípodas, puesto que las búsquedas e inquietudes de sus hacedores son también diversas.

Pas de Ciel (Teo Hernández, 1987)

Precisamente en Pas de Ciel (1987) vemos una colisión entre lo estático y lo dinámico del cuerpo del bailarín y coreógrafo Bernardo Montet, quien se coloca sobre diferentes puntos de apoyo en un suelo que parece ingrávido o directamente inexistente para servir de modelo para un Hernández que siempre ha estado muy interesado en el cuerpo humano y la danza. No sería descabellado comparar Pas de Ciel con Corps aboli (1978) y Graal (1980), pues la película que nos ocupa parece una mezcla entre el estudio de la primera y la forma de la segunda. Aquí el cuerpo de Montet se acompasa mediante técnicas de acercamiento con la cámara que, más allá de dividirse en claros estratos o compases, se aprecian como una serie de variaciones que bailan entre la rapidez fulgurante tan inconfundible del mexicano y la estabilidad momentánea de un observador de instantes. Colocándose siempre desde una perspectiva volátil, activa y no menos reincidente, la cámara de Hernández intenta penetrar los tiempos entre el gesto y el cuerpo para crear la imagen de un movimiento. Movimiento que en su revolución se transforma en luz delimitada por una superficie opaca (en este caso, un cuerpo).

Pas de Ciel podría definirse como un proceso de aproximación a la danza que concluye con la implicación directa del cine en ella, algo muy similar a lo que sucede, ya desde el primer plano, en Ritual in TransfiguredTime (1946) de Maya Deren. A partir de una premisa aparentemente inexistente, la película más intrigante y redonda (junto con Meshes of the Afternoon) de la madre del cine de vanguardia norteamericano se sucede entre la inmovilidad y la dilatación en reverso o en paralelo del propio tiempo cinematográfico. A modo de fiesta de clase alta surrealista, en la que los personajes se reducen a figuras que saltan a través de un tiempo que no parece el suyo, el film de Deren suscita un romance en clave de misterio onírico que se torna estudio del cuerpo en tensión. Un cuerpo para capturar dos. Rita Christiani y la propia Maya Deren conforman un dualista juego de personalidades femeninas que se valdrán de una simple ruptura en la conducta de la época (el hacer un ovillo o bien deshacerlo) para adentrarse en la fiesta mencionada y revolucionar las conductas de los que allí bailan de manera semejante. Ellas son el negro y el blanco, dos caras de una misma moneda que se moverán por entre los finos velos de la realidad para llegar a contraponer la imagen en sí con su propio reverso: la imagen en negativo. En Ritual in Transfigured Time Deren hace un uso del ralentí y de la imagen congelada que resuena hoy todavía en muchos films (tanto de vanguardia como no), pero que, sin duda, bebe de René Clair consiguiendo otorgar una dimensión verdaderamente inusual y genial al conjunto. La total libertad creativa de la cineasta, no traducida en vago y vacuo ejercicio desprovisto de control, se lee aquí como una especie de punto culminante en torno a su pensamiento plástico. En términos críticos sería lo contrario a lo que sucede con la cinta de Mekas ya que, aunque esconde algunos de los motivos más interesantes de su etapa ensayística relacionada con la cultura pop, Cup/Saucer/Two Dancers/Radio(1965-1983) se propone como una rara avis dentro del cine del filmer por excelencia de la vanguardia americana. No solo por el sonido sincrónico y la ausencia casi absoluta de cortes (relacionando el acto de filmar sin pausa con su película posterior A Walk de 1990 podemos establecer una abismal diferencia en lo referente al tratamiento del espacio) sino porque existe en todo momento una interesante pero extrema disonancia entre la performance de Kenneth King y Phoebe Neville y el estudio que Mekas hace de la misma. En los años de la vanguardia museística tardía, la puesta en escena que ambos artistas performativos presentan aquí no podía suponer ningún tipo de escándalo ni mucho menos de objeto trascendente y, aunque Jonas Mekas filme fragmentos que forman parte de un todo acotado, no deja de hacer del espectáculo irónico algo demasiado serio. Es de sobra conocida la conciencia buenista y pesudoespiritualista del cineasta de origen lituano que se traducía en un arquetipo bastante común de la Nueva Era en esos años y lo que sucede en Cup/Saucer/Two Dancers/Radio no deja de ser otra expresión de un modo de hacer arte que tuvo su ascenso y caída en un mismo siglo. Así pues, no  es del todo baladí pretender disociar el movimiento de la cámara del de los propios artistas performativos  así como los espectadores de esta proyección también disociaran la película de su tiempo y optarán quizá por querer ver algo distinto y puede que incluso revelador tras todos estos años de cambios en el cine.

Ritual in Transfigured Time (Maya Deren, 1946)

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