El cine-instalación de Rishi Nandan

Partiendo de la inmovilidad de un plano fijo para centrarse en los movimientos de lo que se registra, Rishi Nandan explora en sus cortometrajes una dimensión casi sangrante de la luz y la sombra.

Highbushes burning (2018)

Al abrigo de sus tres trabajos basados en la exposición de motivos móviles dentro de la inmovilidad del encuadre, su cine-instalación posee una doble dimensión. Si lo enfocamos desde el punto de vista audiovisual/cinematográfico, el tiempo fijo toma protagonismo mientras que si nos acercamos a la obra desde el movimiento propio del espectador que comporta una instalación podremos apreciar otros matices. Aquí trataremos lo estrictamente audiovisual. En Highbushes burning un charco en el que se reflejan algunas plantas y la una luz posterior revelan un abismo a través del cual la forma luminosa sangra desproporcionadamente. Brillantes parpadeos espectrales se suceden en una imagen de múltiples capas reales que flamea y desgasta el tejido propio de su materialidad. La «piel» de la luz surge debido al oscilar del viento en las aguas para iniciar una génesis de la movilidad perpetua. Dentro de una quietud que se repite en Embodiment of darkness, el silente film de Nandan redescubre de alguna manera lo que hay más allá de una imagen realista. Podría decirse que corre el velo de otra dimensión, más espiritual e importante. La luz que se refleja en este film no es otra que la del fuego, fuerza opuesta al agua elemental que genera un dualismo de superposición. Varias imágenes (no sabemos cuantas) se superponen para dar la sensación de un dualismo irreversible que, sin embargo, convive en el cuadro. Algo que se explorará, añadiendo movimiento, en Number two.

El segundo film adhiere sonido y movimiento a la materia que Nandan transforma en sólido color iluminado. Un fantasmal monocroma que cambia de forma perceptible y que parece mutar en transición con las variaciones de oscuridad se sucede para revelar otro aspecto clave de la luz: la exposición que define los objetos. Number two se realizó alrededor de un año y medio a partir de imágenes filmadas mucho antes. Sin una intención definitiva de utilizarlas, Nandan las editó en un largo proceso de ensamblaje para crear un ritmo esencial. Aquí se materializa la posibilidad definitoria de la vista y la existencia de la luz misma por encima de la imagen y el sonido. Cacofonía que atraviesa la acción, el sonido de Number two sirve para encarnar una imagen digital intervenida y atravesada por la mano humana. A partir de él, las formas se hacen figuras y viceversa, ampliando un tiempo de construcción para romper un espacio preconcebido dentro de una realidad indefinida. Es, sin duda, la película más divergente del tríptico porque explora la relación directa entre la abstracción y la potencia de la luz para crear formas.

Number two (2018)

Rishi Nandan afirma que lo ideal es que las películas se vean juntas a modo de instalación en pantallas múltiples en bucle, ya que de otra manera se pierde esa idea de continuidad creadora y recicladora de la misma imagen infinita. Embodiment of darkness, el último film a tartar, haría honor a esta infinitud. La película de mayor duración (casi seis minutos frente al minuto y medio de Highbushes burning y los dos y medio de Number two) es también la más atrapante y reflexiva acerca de las formas físicas, sus sombras y el punto de vista desde donde se miran. En la única imagen fija de Embodiment of darkness vemos la sombra de un cuerpo (una sábana o un vestido) tendido fuera de campo. Su sombra se proyecta en el suelo a modo de espectro agitado por el viento. El ángulo de visión nos hace ver esa sombra del revés mientras que el suelo parece estar derecho. Podríamos pensar que el juego norte-sur indica una ruptura clara entre la figura (¿Dónde está realmente el objeto? ¿desde dónde se filma?) y también que nos encontramos ante otro truco de imágenes sobreexpuestas pero, en realidad, es el propio interés por la entidad desconocida y sin forma lo que prima. La influencia de la oscuridad (la imagen en blanco y negro) que distorsiona un avistamiento directo y confuso crea un vacío literal en la imagen. La sombra no es objeto, es ausencia de luz que cambia debido a su irradiación en un objeto que no se ve. La percepción visual va cambiando mientras el espacio inmutable se distorsiona y las texturas dominan con su propio movimiento. El flujo de las ondas de los volantes crea una recurrencia en el pensamiento que reitera el estímulo original para hacerlo cambiar o incitarnos a pensar que cambia. Es la manifestación de la mutación de una imagen fija cuyo propio estatismo invita a la creación de otras imágenes por cuenta propia; el torrente de pensamiento que acompaña a la vista y genera una abstracción dentro de lo concreto que resulta fascinante.

El cine-instalación de Rishi Nandan es un breve y genial estudio sobre la percepción y los puntos de vista más allá de una realidad tangible. Sin perjuicio de su naturaleza museística, el hecho de ver sus obras en una pantalla corriente imprime un carácter también interesante y digno de debate.

Embodiment of darkness (2019)

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