Punto de Vista 2021: Sección oficial 8 – The Works and Days (of Tayoko Shiojiri in the Shiotani Basin)

C.W. Winter & Anders Edström (2020)

La octava sesión correspondiente a la sección oficial del Festival Punto de Vista la ha protagonizado una única película cuya duración ronda las ocho horas, uno de esos hitos que se suman a las mastodónticas obras de Lav Diaz o Wang Bing y que ya pasó por Berlín el año pasado. Pero, al margen de su importante y ajustada duración, The Works and Days (of Tayoko Shiojiri in the Shiotani Basin) se manifiesta como una película cargada de virtudes, un trabajo increíblemente cuidado y hermoso cuyas raíces se hunden en un misterioso pulso nada común.

La nueva película de C.W. Winter y Anders Edström tras The Anchorage (2009) se construyó como un rodaje de ficción durante un total de veintisiete semanas, durante un período de catorce meses, en un pueblo de cuarenta y siete habitantes en las montañas de la prefectura de Kioto en Japón. Un film cuyas derivas visuales se salen de lo común y rescatan los lamentos de los árboles y el viento que bañaban su anterior obra. Si en The Anchorage seguíamos a la madre de Edström en su rutina diaria viviendo en un bosque pegado a un lago sueco, aquí observamos también a una mujer en los confines del mundo; su suegra, Tayoko Shiojiri. Siguiendo su día a día y, más importante, su noche a noche, iremos descubriendo una serie de movimientos que desgranarán el mismo concepto de «estar presente». Unos movimientos ajustados al ojo de una cámara que jamás se desplaza por sí sola, que gira lentamente en torno a un eje o se queda quieta formando encuadres tan «naturales» como crípticos. Lejos de hacer un retrato de Tayoko trabajando el campo, lo cual hace más bien poco en la película, The Works and Days (of Tayoko Shiojiri in the Shiotani Basin) lleva mucho más lejos el concepto poético de la obra de Hesíodo en la que se inspira. Si la Teogonía era el libro de los dioses, Trabajos y días es el de los hombres; los mismos que se muestran en el primer plano visual del film (porque comienza con la pantalla en negro y una serie de sonidos) reunidos en torno a una mesa de la que Tayoko no forma parte. Ese primer plano sienta las bases de una diferencia sustancial entre los hombres que beben y ríen alegres y la mujer que está en otra parte, sola. Y no es baladí, pues no todo gira en torno a la figura de Tayoko sino que se abren ventanas a otras visiones de la mano de personas, actores, no-actores y entornos.

Al margen de la película, es necesario conocer que el origen del proyecto se basa en la muerte del marido de Tayoko, Junji, y que lo último que aparece en la película es lo primero que se filmó. El velatorio de Junji recondujo a la mujer a repensar su situación de mujer que se casó joven y no pudo estudiar para sentirse triste por no haber estado lo suficientemente cerca de su marido en sus últimos días. Teniendo en cuanta que la película es una reconstrucción de la vida de Tayoko hasta ese momento, no tal como fue sino como le hubiese gustado que fuese, sus «días y trabajos» adquieren un cariz todavía más increíble. Dentro de todo lo que significa The Works and Days (of Tayoko Shiojiri in the Shiotani Basin), de toda la puesta en escena y de las derivas casi soñadas que suceden en todo momento, cabe mencionar como los directores aprovechan sus roles (Edström el de director de fotografía y Winter el de guionista) para genere un tiempo y espacios tan especiales como rompedores. A veces el tiempo parece no pasar y otras hacerlo demasiado rápido, y no en un mal sentido. A veces el espacio en el que nos encontramos descoloca ese tiempo y construye toda una nueva concepción del mismo. ¿O acaso las conversaciones y monólogos ausentes de interlocutor no se manifiestan como poesía atemporal cuando observamos un espacio concreto del entorno? El tiempo en The Works and Days (of Tayoko Shiojiri in the Shiotani Basin) es esencial y no solo por la construcción dramática en torno a la correspondencia entre cada plano y la determinada duración que invita a reflexionar, captar un detalle o permanecer sumido en la negrura mientras se escuchan pájaros, campanas o cigarras… sino también por la ruptura cronológica de las imágenes que se sienten como déjà vu. La repetición en esta película es tan crucial como en The Anchorage y quizá más interesante. Unida a ella, los desenfoques a personas que caminan como fantasmas en dos o tres planos distanciados, las cenas y borracheras tan delicadas como afables, el lamento que se respira al enfocar una ventana o un rincón de la casa se sienten como espectros de un mismo universo sumidos en la forma de lo aparente.

Todo lo que la forma del film puede ofrecer es el silencio de las imágenes cuando el sonido nos dice algo y la música acallada cuando los objetos y las personas interactúan. Los muchos planos teñidos de una oscuridad en la que es imposible ver nada ( o sí, si se mira bien adentro) son el reflejo de lo que allí está y sin embargo se nos oculta; el bosque que no deja ver los árboles quietos en la eternidad.

The Works and Days (of Tayoko Shiojiri in the Shiotani Basin) es una película tan verosímil como realista parece ser la historia que cuenta; una historia de historias estancadas pero que intentan abrirse camino como raíces en la tierra. Dentro de su impresionante puesta en escena todavía cabe una mirada documental pasmosa en relación al dispositivo utilizado. El registro de la cámara digital con lentes de 16 mm que capta las imágenes del día y la noche de maneras casi mágicas dentro de un realismo jamás tergiversado componen, junto al espectacular diseño de sonido, una serie de paisajes eternos. Integrando una nueva forma de narrar mediante la ruptura de las leyes del slow cinema, la película consigue respirar fuera de cualquier marco conocido. Frente a los planos de larga duración encontramos otros que resultan casi imperceptibles en comparación, una excelente muestra de lo que Winter denominaba «significantes por insignificantes» en una entrevista. De la extraña simbiosis entre ellos y sus velocidades, sus duraciones y la manera en que nos acercamos a lo que muestran sr origina una poética similar a la de un poemario de haikus. De hecho, la obra se divide en cinco partes adecuadas a cinco estaciones que se introducen mediante extractos de poemas de Bufu y Suma entre otros. Estos poemas hablan de la muerte en su totalidad y se adhieren a la filosofía Seichō-no-Iey que anida en la integridad de The Works and Days (of Tayoko Shiojiri in the Shiotani Basin).

Las conversaciones mudas y los silencios atronadores se superponen entre capas y capas de cotidianeidad para ir revelando toda una serie de relaciones más allá de la figura de Tayoko. Una fijación por el entorno que circula alrededor a la casa de la mujer, tan nueva y conocida a cada momento, se conforma para viajar literalmente a otros lugares. Decíamos que poco hay de los trabajos que se filman entre océanos de tranquilidad, pero la verdad es que el misterio prevalece en la cotidianeidad del cuidado del hogar y de su marido cuya enfermedad es el eje invisible que mueve la película. Lejos de contar con Tayoko como persona principal, la película se vale de un elenco siempre cambiante que ofrece escenas tan memorables como sorprendentes por descolocarnos del espacio-tiempo al que creíamos estar acostumbrados. Sin saber cómo aparece el famoso actor Ryō Kase quizá para desvelar la gran ficción que parecía no poder ser, hablando en el porche con Junji, o el propio Anders Edström compartiendo mesa con familia y amigos. Además de la potencia narrativa del film cabe destacar lo envolvente de sus atmósferas. Podríamos pensar en Lav Diaz y sus sonidos de cigarras en los bosques filipinos cuando escuchamos los mismos insectos cantar en la cuenca de Shotani, podríamos incluso pensar en Apichatpong Weerasethakul y las conversaciones de sus personajes sentados mirando a un mismo lugar fuera de campo y, por supuesto, podríamos pensar en Yasujirō Ozu y su melancolía fijada en los objetos de las casas japonesas. En un momento determinado Tayoko dice que ha visto Cuantos de Tokyo en la televisión y que ha comprendido lo triste que es hacerse viejo en cualquier época… The Works and Days (of Tayoko Shiojiri in the Shiotani Basin) es una película que aborda la vejez al igual que la muerte; de una manera tan soterrada que clama a la evasión total del tiempo por medio de la contemplación de un entorno que se adapta. Al igual que el paso del invierno al verano, el film traza una cronología de la cual se pierde la pista en las transiciones; algo mágico que permite a la propia imagen respirar y al propio sonido crear auras de un tiempo perdido. En definitiva, una oda a la muerte por medio de la vida y viceversa y a la oscuridad como superficie más antigua. Aquella que te obliga a mirar sin conocer su distancia.

*Todas las imágenes se corresponden con fotografías tomadas por Anders Edström durante el rodaje de The Works and Days (of Tayoko Shiojiri in the Shiotani Basin). No son imágenes de la película en sí, sino parte de un proyecto mayor. Ante la negativa de la distribuidora y de los propios directores de compartir imágenes de la película, adjunto estas fotografías como muestra de la esencia del film y dejo constancia de ello para no crear confusión.

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