Figure Minus Fact

Mary Helena Clark (2020)

Casi al principio de Figure Minus Fact se muestra un trozo de papel en el que pone: «no hables a menso que puedas mejorar el silencio». Después la película se desenvuelve en torno a una serie de imágenes relacionadas entre sí o con el aspecto que presentan para demostrar que la ausencia de la palabra hablada merece lo callado de lo escrito. Pero, ¿existe realmente el silencio?

La magia de poner las cosas en relación, algo a lo que se han prestado algunas de las mejores películas del Festival Cinéma du Réel como The I and S of Lives de Kevin Jerome Everson, Armour de Sandro Aguilar o earthearthearth de Daïchi Saïto, es lo que representa el cine de Mary Helena Clark. En torno a la incógnita del silencio dentro de una imagen sonora y de un sonido visual, la cineasta teje uniones en torno a objetos, elementos y estados de ánimo que revelan su presencia mediante la gradación de la luz. Lo subexpuesto aparece rodeado de un misterio tan actual en su forma como ancestral en su concepción mientras que los planos con luz natural se sienten parte de una realidad diaria, sin más pretensión que la de ejemplificar lo simple. La noche como duelo reconstruye los espacios a través de la ausencia; una cama sin nadie recostado, unas flores sin jarrón, unas campanas sin nadie que las taña… Las formas en el umbral de la percepción amplifican los sentidos para acercarnos a lo que no se ve, lo que hay más allá de la imagen. El oído y la vista deben agudizarse para descubrir el insecto tras el camuflaje, la vida tras el velo. Al igual que sucede en ese plano que estudia el libro de entomología y botánica en el que la mirada se ve atraída por lo fascinante de los mecanismos de defensa, el ojo se ve atraído por lo concreto y lo tangible de unos objetos tan vívidos como inciertos.

En la película de Mary Helena Clark existe una tensión entre la mímica del entorno y su verdadera esencia casi nunca comprensible. Confundiendo cada límite con el entorno en el que se dibuja uno puede solamente intuir qué está vivo y qué muerto. La pérdida y el anhelo se convierten en amor y dicha en un sencillo corte entre imágenes que, lejos de tener un observador activo o pasivo, supone la transición de una objetividad casi apresada. La «caza» de los planos de Clark caracteriza las apariencias y dialoga con un mundo verdadero y falso al mismo tiempo. Suponiendo que el cine puede camuflarse con la propia noche, no sería descabellado afirmar que la oscuridad ideada por la cineasta pueda incluso llegar a ocultar otra imagen dentro de ella, un insecto alado no necesariamente analizable.

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