Punto de Vista 2021: Sección oficial 4

El cine como carta y registro de un tiempo personal, la calidez o frialdad de unas imágenes en determinado orden que disponen retazos materiales de lo concreto y, al mismo tiempo, hablan de una abstracción fuera de norma. Esta podría ser una de las cosas que unen las películas de la cuarta sesión de la sección oficial del Festival Punto de Vista, una tan interesante como prolífica pues muestra nada menos que cinco obras con miradas muy diferentes en torno a lo que se entiende como montaje.

En Liberty: An Ephemeral Statute, Rebecca Jane Arthur se adentra desde cierta distancia en la ciudad de Nueva York para coger el testigo espiritual de Jonas Mekas y filmar, filmar y filmar in descanso. A partir del relato personal de una búsqueda de liberación en los Estados Unidos a principios de los años 70, se elabora una reflexión audiovisual tan elaborada como momentáneos son los planos que la componen. Jane Arthur filma las cartas, los cielos y los suelos que no son sino fragmentos de una exploración didáctica y dramática al mismo tiempo. Una obra sobre la emancipación que se emancipa de sí misma y que, partiendo de una mirada individualista, arma un retrato vivaz del pasado de su propia madre. Ayudándose del texto y la intervención directa, la cineasta abre un territorio que también se explora en otra de las películas de la sección: Glimpses From a Visit to Orkney in Summer 1995 de Ute Aurand. La cineasta alemana a la que se le dedicó una retrospectiva el año pasado junto a Helga Fanderl, Renate Sami y Jeannette Muñoz aporta su granito de arena al proyecto dedicado a la gran cineasta Margaret Tait en su simbólico centenario (Tait falleció en 1999 a la edad de 81 años). Su inconfundible manera de aproximarse a la realidad se traduce en este film como la esencia de lo privado dentro de lo abstracto. Las flores del campo y las del jardín de Tait se suceden en dinámicos planos que exhalan un aire inspirado profundamente en otros planos que muestran colores abstractos filmados en Orkney. Ute Aurand propició estas palabras como introducción al film:

«En el verano de 1995 visité a Margaret Tait en Orkney. Tenía su estudio en una vieja kirk (iglesia), pero vimos muchas de sus películas de 16 mm en la sala de estar de su casa de Cruan. Un día salimos a filmar algunos títulos de su guion cinematográfico Video Poems of the 90’s, como Lapping Water, Turning the Page y Rust Everywhere. En Glimpses From a Visit to Orkney in Summer 1995 se pueden observar estas imágenes junto a otras que filmé recientemente durante mi visita, como una en la que se aprecia a Margaret bebiendo té. Ahora, veinticinco años después, he examinado todas mis imágenes de Orkney para el proyecto `Margaret Tait 100’ y he recordado los colores abstractos que había filmado para otra película que, sin embargo, nunca llegué a utilizar».

Ute Aurand

Una de las grandes veteranas en el panorama del cine experimental como Ute Aurand comparte espacio con la película de una de las jóvenes promesas más reveladoras de los últimos tiempos. Flowers Blooming in our Throats de la belga Eva Giolo, que repite en el festival tras su excepcional A Tongue Called Mother, es un film en 16 mm completado justo después del confinamiento. No puedo ocultar mi admiración casi irracional por el cine de Giolo cuyas dos obras que he tenido la suerte de ver han supuesto todo un descubrimiento más allá de lo insospechado. En Flowers Blooming in our Throats la delicadeza y la potencia de los gestos se reconduce mediante una iconografía de esencia bressoniana y un montaje semejante al de un Schüpbach o un Dorsky. Cada tensión en las manos y los brazos, cada golpe y cada abrazo resuenan con un eco apabullante entre la naturalidad misma del gesto y la cotidianeidad del hogar. El film, de frágil equilibrio y tensión imbatible, es un estudio tan preciso y trabajado del contacto y las relaciones que posee la virtud de parecer simple. Su sencillez extrema se manifiesta mediante la repetición formal y la metáfora visual (la peonza, por ejemplo) para trascender cada movimiento de los cuerpos en torno a la idea de unión y aun así centrar toda la atención en un momento individual.

En esta línea se mueve también Earth in the Mouth de Ewelina Rosinska, quien alejándose de la asociación esencial de las cosas, lleva su talento para montar al terreno de la crítica unido al de la admiración. En la película, cada imagen busca desesperadamente unirse con otras para crear historias de la nada y moldear lo que vemos creando un contexto previamente inexistente. Fe, religión, patriotismo, anarquismo, turismo, partidas y llegadas se superponen como en un libro de curiosidades de siete capítulos en los que el instante impide digerir los estímulos y los convierte en protagonistas que nacen y mueren en cuestión de segundos. Aunque Earth in the Mouth parezca un desproporcionado film recolector de instantes, lo cierto es que tras su aparente descontrol existe una cronología bastante acuciante. Tanto las texturas de las diferentes gradaciones como los espacios y colores en los que los objetos y personas se encuadran tienen un sentido que se encuentra en la división temática de cada parte. Una división elemental que parece pasar desapercibida ante la exposición de numerosos planos a gran velocidad y que subvierte lo que Morgan Quaintance trata en su película Surviving You, Always.

Earth in the Mouth (Ewelina Rosiska, 2020)

Tras su paternalista película Early Years, Quaintance sigue abordando lo que él entiende por injusticia de manera mucho más interesante. En Surviving You, Always, se contrapone la realidad de un texto «acallado» con la promesa trascendental de las drogas psicodélicas como el LSD. Partiendo de un doloroso recuerdo de una amiga fallecida a causa de las drogas el film, que funciona a modo de homenaje en cierta forma, recorre escenarios tan particulares como personales. El punto de vista es esencial para comprender la dualidad de versiones en la película, pues la experiencia concreta que fluye entre imágenes fijas en blanco y negro está tan soterrada que parece imposible acercarse a ella. Los sonidos y las imágenes priman sobre el texto que ha de leerse con gran atención para lograr ver la realidad personal tras un hecho tan triste como la muerte de una joven amiga. Así, el film de Quaintance, supondrá un gran cambio con respecto a su último trabajo a pesar de que siga jugando de manera interesada con el sentimentalismo.

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