A propósito de ‘Numéro deux’ de Jean-Luc Godard

Tras más de veinte años haciendo cine (no solo filmando, sino también pensándolo, tal y como él lo entendía) Godard consigue hacer una película en la que la “imagen televisiva tiene conciencia cinematográfica, por así decirlo”¹. Numéro deux es una de sus obras clave en cuanto a pensamiento y forma debido a que comporta tres modos de captar, entender y visualizar la misma imagen.

La primera de ellas, que aparece en el primero de los planos, es la propia materialidad física de la película: las bobinas que funcionan y proyectan el film fuera de campo mientras Godard habla. La segunda, la imagen de los televisores en los que se ve la imagen “real”² de la película (es decir, donde sucede la acción narrativa) que, a su vez, se filma de nuevo para visualizar una imagen conjunta del televisor o monitor y el espacio que ocupa. La tercera es la definición de Godard de la propia película que aparece al principio y que rehúye la cualidad misma de lo visible. Así pues, la imagen se bifurca en tres acepciones (todas ellas válidas) que conforman el espectro de la misma y en las que no hay jerarquía. Es importante recalcar que ninguno de los tres aspectos citados se superpone a los otros dos ya que, a la manera de Joseph Kosuth y su obra conceptual “Una y tres sillas (1965)”, todas las dimensiones de la imagen pueden ser comprendidas y, por ello, tienen la condición de “imagen”. Ya sea por un código de aproximación a la realidad objetual (el celuloide y el proyector en marcha), visual (la película en el televisor) o verbal (la charla de Godard), todas la presentaciones de Numéro deux comportan una misma imagen: una que involucra el intelecto y la sensibilidad del que la observa.

Una y tres sillas (Joseph Kouth, 1965)

1- Cita extraída de Jean-Luc Godard. Pensar entre imágenes: Conversaciones, entrevistas, presentaciones y otros fragmentos. Edición de Núria Aidelman y Gonzalo de Lucas, 2010.

2- Es difícil referirme a la imagen proyectada en el monitor de otra forma. Seguro que hay una mejor manera de hablar de la historia (fragmentada, sí; pero igualmente narrativa) que Numéro deux integra, pero para no alargar innecesariamente el paréntesis decido poner lo de real entrecomillado aunque, por supuesto, no me refiera a que las imágenes del principio y del final, y, sobre todo, el campo que rodea los televisores, sean menos reales o no sean imágenes.

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