Noite perpétua

Pedro Peralta (2020)

Pedro Peralta continúa haciendo del plano de larga duración su medio de expresión. En Noite perpétua la reflexión de la luz y la consecución de acciones mediante la ausencia de cortes surgen de un ánimo plenamente consciente para convertir los espacios en unidades temporales.

En la habitación principal de una casa de la España franquista, en la que una mujer acaba de dar a luz a su hija entre otras mujeres de su familia y de repente es sorprendida por dos guardias falangistas que la reclaman, se da un atrayente y no menos reflexivo uso del travelling. Paz, la madre, sabe que si se va no volverá y que su última noche, la primera con su hija, será erradicada. Teniendo esto en cuenta, el tratamiento que Peralta hace de los largos planos puede entenderse como una extensión de la propia noche “interior” de Paz. Ya en Ascensão el director proponía un cambio en el modo de acaecer el tiempo muy similar. Mediante su plano secuencia que funciona a modo de resurrección de un joven que había caído a un pozo, el cineasta portugués tejía una línea temporal inquebrantable para unir a las personas con su propio tiempo espiritual sin necesidad de cortes. Este hilo de tiempo y también de lazos afectivos (ambas películas tratan de relaciones paternofiliales) continúa en Noite perpétua de manera que el mismo tejido de la realidad se ve afectado. Los travellings de la película son la prolongación de una noche que se intenta hacer eterna y casi se consigue. En la imagen en que la madre da el pecho a su niña puede verse una especie de detención física y conceptual del propio tiempo. Como si la escena durase más de lo que en realidad dura y trascienda la cronología cartesiana.

Así pues, la realidad emocional se mezcla con la tangible hasta que hay un corte que supone un cambio en la perspectiva. Los planos de larga duración que funcionan como realidades unidas por una bisagra (el cambio de eje y de plano) intercambian miradas espaciotemporales simbólicas que destacan el espacio de la casa donde subyace el régimen pictórico de la imagen —la disposición de la madre que amamanta hace referencia a la Virgen de la Leche como en Ascensão se hacía referencia a la Pietà—. En cuanto Paz cierra la puerta se cambia el punto de vista espacial y se enfoca a la puerta cerrada, desde dentro. Ahí es donde se produce la dicotomía esencial con respecto al devenir del film, ya que ese cambio de plano está ahí para que lo notemos, para representar la injusticia y el dolor al ver partir a un ser querido. Es la mirada cómplice que invita al espectador a ponerse en una situación real con respecto a lo que pasa en la ficción. Porque el exterior, y esto es importante, no se puede ver si no es desde dentro de la casa —único refugio que contiene los elementos de unidad básicos: familia y hogar). Paz se despide de sus hermanas y de su otra hija que duerme en el piso de arriba mientras la oscuridad acusadísima del cuadro se va haciendo más opaca. El travelling termina enfocando la noche y un árbol en una colina mientras se llevan a la mujer que ha salido del único espacio “existente” y reconocible. Uno en el que la propia cámara se siente libre. Desde donde tiene libertad para mostrar la realidad sin ningún tipo de censura ante la oscuridad de una noche que, sin duda para Paz, será perpetua.

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