Night Horse

Jeroen Van der Stock (2019)

¿Quién mira tras un objetivo inerte? ¿Qué se ve? ¿Hay imagen? ¿Y sentido? Night Horse de Jeroen Van der Stock construye un relato nocturno a partir de imágenes de cámaras de videovigilancia que filman indiscriminadamente. Sin motivo ni móvil, estos objetos que registran determinados bloques espaciotemporales generan una serie de imágenes en forma de datos informáticos. Datos digitales que, por sí mismos, solamente permanecen en un limbo cinético y estancado a la vez. Pero que, al ser rescatados y montados por el cineasta, logran una cualidad distinta; cinematográfica.

En la introducción de Night Horse vemos la imagen del suelo y la figura de lo que parece un caballo que aparece entre dentro y fuera de campo. Después, algo sucede. Aparece otra imagen, el ojo de una cámara que no tiene quién la dirija, un objetivo sin vida que lo filma todo sin filtro y sin detenerse: frío, muerto y casi irreal. Entre su estética de baja calidad (obviamente derivada de un tratamiento consciente del material utilizado) y lo extraño de su encuadre azaroso se revela la acción de la mano del hombre derivada del montaje. Porque cambiando el plano se crea un diálogo y, por tanto, una idea. El film de Van der Stock es una alegoría de la muerte en la imagen, de la quietud pasmosa que se aprecia en cada pedazo de material filmado por cámaras nocturnas de autopistas, ciudades y campos. Pero en su naturaleza artificial sobresale un afán meditativo y también lleno de incógnitas hacia la cuestión de las imágenes en la actualidad. ¿Puede insuflarse vida a una imagen muerta? Un viaje alrededor de una noche granulada y fractal que se retrotrae a lo grotesco de la imagen digital nos dice que sí, sin duda. La baja calidad de las cámaras convierte los parajes en tétricos escenarios aterradores e interesantes, inquietantes y sobrecogedores que, en su quietud, registran horas y horas de tiempo y lo procesan para que sea olvidad, nunca visto o simplemente evaporado. Van der Stock las resucita literalmente, aprovechando lo “feo”, irregular y carente de voluntad de la estética de un material obtenido para fines alejados de lo artístico para tornarlas impresiones lúgubres de un tiempo tan misterioso como es la noche.

La realidad mítica y técnica que Night Horse rescata se asemeja a un poema reciclado que, en lugar de buscar lo voayeurista de lo registrado de manera involuntaria, se digna a seguir los pasos de un cine de la contemplación y la espera. Un modo de aproximarse a los escenarios de la crudeza y del sosiego oscuro que mezclan la tecnología y la naturaleza para recrear su propia mitología. Al final, el caballo, único ser vivo que aparece en la película, permanece en el mismo lugar en que se encontraba. ¿O es que hay barios caballos? “En la historia es uno pero en la realidad son muchos”, como intervenía Bazin a propósito de Crin blanca (Crin-Blanc, Albert Lamorisse, 1953). Nada parece haber cambiado en su noche particular, pero bien es cierto que el resto de grabaciones han conseguido crear un vínculo prolongado con su primera imagen y la última. Un ciclo nocturno a pasado y su carne todavía no se ha podrido.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s