Ji.hlava IDFF 2020: Fascinations 2

La transformación de las imágenes en algo que no son, el sentimiento de estar viendo algo que no se sabe bien qué es. La duda y el engaño son los temas propios de la segunda parrilla del Ji.hlava IDFF. Combinando la fotografía experimental, la impresión tridimensional o la pixelación, estas seis películas son capaces de hacer mutar la realidad de las imágenes al mismo tiempo que son creadas.

Dear Daisy, (Yoshiki Nishimura, 2020)

Dear Daisy, de Yoshiki Nishimura se presenta como una carta virtual de amor tras un “asesinato”. Porque la sensación que tuvo el artista al destruir a mazazos su ordenador se puede asemejar, según él, a la brutalidad de un arrebato iracundo. En el film, imágenes de reconstrucciones en 3D del PC destrozado se van haciendo uniformes desde una abstracción inicial. Las marcas de cada golpe y el resultado final suponen un minucioso análisis forense de la pieza así como una incógnita acerca del daño que hace la tecnología. Pues el sentimiento de necesidad imperante en el mundo moderno se aborda como una relación de amor-odio capaz de provocar ira asesina.

Frente a la lentitud en el escudriño de la computadora se coloca la velocidad fastuosa de tracked de Seoungho Cho. Un film que juega con la percepción mediante la aceleración de imágenes en movimiento y que consigue crear un efecto nuevo a partir del sonido. Lo que parece una maraña de imágenes demasiado veloces para discernirlas se convierte en una pista de carreras de Fórmula 1 en la que los coches parecen verse entre las líneas y ondas materiales… O, al menos, así lo parece. En verdad, las ruedas que se aprecian entre las rayas de color pertenecen realmente a bicicletas y no a coches. La manipulación del collage de planos de las mismas y fotografías de la carretera inducen a ver lo que no existe gracias, sobre todo, al sonido que hace de medio de sugestión ineludible. Un poderoso elemento que toma las riendas en el audiovisual contemporáneo y que se explora también en Shashin no ma de Tetsuya Maruyama. Donde las imágenes del recuerdo personal granuladas y borrosas —la película utiliza fotografías y cintas caseras tomadas por el padre de la cineasta— dejan espacios mudos entre pequeñas aberturas sonoras. El “Ma (間)”, un término japonés que podría traducirse como pausa, espacio, abertura o intervalo y que se ha utilizado en las artes plásticas desde la pintura Sumi-e hasta el cine se aborda aquí mediante la sucesión de cintas caseras. Maruyama se basa en este vocablo para acercar las imágenes a una vacuidad necesaria y adentrarse en el terreno de la memoria personal. Como un frasco de estratos que aumentan con la disociación sonora, que aparece a modo de pequeños incisos entre la materia, Shashin no ma se comprende como un film informe que utiliza la forma precisamente para conformar espacios vacíos.

Shashin no ma (Tetsuya Maruyama, 2020)

El espacio tiene un papel primordial en la obra de Roger Horn quien, en su Holiday in the Sea of Supremacy compara distintos escenarios políticos y sociales. Breves planos turísticos de la ciudad de Barcelona y footage de la situación que se dio en Cataluña el pasado 2019 se configuran de forma en que la crítica a esos movimientos deviene olvido de los más perjudicados. Imágenes de pancartas que piden libertad a los “presos políticos” se intercalan con las de pateras y manteros que venden sus mercancías en el suelo de la Rambla. Con un tejido musical continuo y sin altibajos, el film se limita a mostrar la realidad de un periodo de tiempo concreto para quizá revelar algo más con su montaje. La visión de un turista que se va de vacaciones a una de las capitales más bellas de Europa para extrañarse al encontrar división por todas partes. La dicotomía está clara y no se da pie a una confusión entre el objeto y el cuerpo, a diferencia del vídeo de Antonin De Bemels titulado Humus. Un experimento que no va más allá de lo curioso y que termina siendo repetitivo y banal. El eco generado por un filtro en el vídeo que captura y congela los movimientos del propio De Bemels a medida que se sigue moviendo genera una sensación de multiplicidad de cuerpos en danza continua. Nada que no hicieran Hollis Frampton o Norman McLaren pero sumándole una falta de ingenio y coreografía que convierten la obra en un mero ejercicio técnico.

Jacques Perconte y su Avant L’effondrement du Mont Blanc se disponen, tras haber pasado por varios festivales —entre ellos el Festival des cinemas différents et expérimentaux de Paris—, a convertir la roca en agua, a transformar la verticalidad en horizontalidad y a observar procesos de cambio en el paisaje montañoso mientras la imagen pixelada se torna registro del propio efecto digital. Reelaborando la concepción de la imagen contemporánea mediante un la abstracción y la realidad que se mezclan en un bello caos. El píxel se manifiesta como herramienta de rudeza e impresión en lugar de medio para un absurdo hiperrealismo de alta definición, proponiendo una disyuntiva única en torno a la crisis de la imagen digital, cada vez más precisa que la realidad y, por ende, alejada de ella.

Avant L’effondrement du Mont Blanc (Jacques Perconte, 2020)

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