Festival des cinémas différents et expérimentaux de Paris 2020: Competición 8

Y llegamos al final del Festival des cinémas différents et expérimentaux de Paris con la presencia de una película al límite de la forma, del absurdo, de la moral y del propio sentido de la trasgresión. Distracted Blueberry de Barry Doupé no solo es una película de difícil acceso conceptual y formal, sino una obra que se balancea en la cuerda floja entre lo deleznable y lo apático, consiguiendo mantener el equilibrio de forma sorprendente. Distracted Blueberry es difícil de mirar, muy difícil. Ya no solo por su elevada duración (cuatro horas y media), pues hay películas de igual o mayor minutaje que poseen una serie de cualidades que facilitan su observación prolongada —pensemos en la magnífica Sátántangó de Béla Tarr, en Voces espirituales de Aleksandr Sokurov o en cualquier film de Lav Diaz, Wang Bing, Peter Watkins o Frederick Wiseman—, sino por la provocadora puesta en escena con la que cuenta. Lo cierto es que la película de Doupé conlleva una difícil digestión ya desde su primer plano. Debido a su grafismo y a su obscenidad imparable, a su tétrica y desconcertante animación ROM, a su casi inhumano sentido de la realidad, este film varado en la marea del tiempo prohibido supera con creces cualquier intento de abordarlo desde un punto de vista ético.

A lo extravagante y a la vez contemplativo de sus imágenes animadas que, lejos de provocar porque sí, hacen una pornografía del salvajismo y se exceden continuamente en su mirada retorcida, se suma el desarrollo de una trama híper atrofiada y casi incapaz de avanzar. Un interesantísimo y también terrible uso del tiempo cinemático que recurre a la exageración de la duración de cada gesto y a la observación específica de cada flujo digital que escapa de los cuerpos. Porque la base de la película, el motivo visual e intelectual que se aborda en ella, no es otro que la pulsión de muerte adherida al sexo. La unión directa entre la libido, desatada y sin censura, y la violencia gráfica pormenorizada que clama a una cosmovisión únicamente carnal de las relaciones entre individuos alienados. Hombres, en su mayoría, despojados de su racionalidad, su espíritu y su moral esparcidos entre diferentes localizaciones sin otro cometido que el de tener relaciones sexuales absolutamente depravadas, más allá del deseo, la lujuria y, sobre todo, del amor.

Un plano detalle que muestra un pene tocando un piano abre Distracted Blueberry. Después observamos a la totalidad de una banda de jazz que restriega sus instrumentos contra sus genitales y miembros erectos. En una serie de planos detalle y planos generales recurrentes, muy explícitos y abisales nos adentramos en un mundo difícil de definir. Los presentes no hablan, tan solo siguen y siguen frotándose contra sus violines y trompetas, bañados en los flujos de la carne y también de la sangre. Pues poco después de “interpretar” la pieza sorda obstruyendo cada agujero existente con sus falos, el pianista, protagonista del film, cortará su miembro viril con un cuchillo en una escena tan serena como dolorosa. Pero, para sorpresa de cualquiera, la escena no se verá alterada lo más mínimo. El pianista optará por felar el cuchillo mientras expulsa un chorro de sangre roja por la entrepierna, sin sufrir secuela alguna ni desfallecer… La irrealidad se mezcla con la exacerbada muestra impúdica que trasciende lo meramente sexual para ensuciarse con acciones más allá de la escatología o la violencia explícita. En las siguientes escenas, mucho peores que la mencionada, podremos ver variados escenarios de locura, espanto e indiferencia diegética en este mundo de animación. Un desmesurado cuadro pintado con heces, vómito, sangre, semen y orina que aborda la homosexualidad, la zoofilia, la orgía, la masturbación entre otras prácticas para mirar hacia territorios demasiado angostos.

A diferencia de otros films que usan la animación para proponer escaparates del sexo y la locura, como el cine de Jimmy ScreamerClauz, aquí no hay sadismo ni oscuridad satánica. Más bien una mezcla entre la homosexualidad más excéntrica y revulsiva, mezclada con los estereotipos de una masculinidad libidinosa que tiende a andar en círculos entorno a sí misma. Después de varias, largas y asquerosas escenas que muestran a varios hombres en entornos cada vez más irregulares y difíciles de mirar e incluso de entender, la película va adquiriendo un sentido más allá de la escatología, el bestialismo y el intercambio de fluidos corporales. Cada plano es un festival sexual demasiado tenebroso que choca con la claridad y luz de la animación ROM para conseguir un efecto desconcertante e incómodo. Una continua tensión formal entre el movimiento y lo mostrado surge de entre toda esta maraña incómoda para establecer un ritmo pasmoso e incisivo. Una pulsión verdaderamente fatal que incide en el seguimiento paulatino de cada extracto o gota de líquido y en la excesiva acentuación de todas las acciones que se llevan a cabo.

Al margen de la tendencia suicida del propio film es muy difícil comprender lo que Doupé quiere mostrarnos. Ya no solo por lo excesivo y repetitivo de las imágenes, sino por la evolución de los escenarios y una trama tan líquida que parece escurrirse entre las duraderas secuencias; que se pierde entre diálogos pseudo-filosóficos acerca de la nada y las relaciones sexuales casuales y termina por mutar tanto y tantas veces que deviene casi irreconocible. Resulta muy complicado pero aún así interesante ver como, pese a lo explícito de la animación y lo recurrentes planos de vergas, anos y testículos, se construye un ritmo que jamás decae, para bien o para mal, para enredarnos en un universo tremendamente grotesco y antinatural. No se puede tirar el film a la basura por su incomodidad, por su continua masturbación que evoca a lo escatológico una y otra vez para rodear de indecencia la imagen; es decir, por las ideas que pueda tener cada uno acerca de lo que se puede o no mostrar o lo que es moral o no. La moral cambia, pese a mis valores, a los de una sociedad o a los de una era y es necesario saber abordar lo más subversivo y perverso, lo más peligroso incluso. Al margen de lo repugnante y lo, seguramente, estúpido de Distracted Blueberry se esconde una forma cinematográfica que, por momentos, se revela brillante. Un ejercicio de edición y pulsión en torno a esos escenarios digitales que conviven perfectamente y se gestionan en medio de un abismo de abismos. Secuencias tan grotescas y explícitas como la de la felación a la estatua del David de Miguel Ángel o la conversación entre los clones del protagonista en medio de una orgía están perfectamente construidas en torno a lo violento, ridículo e incluso vil de las imágenes.

Distracted Blueberry se asemeja al cine tardío de David Lynch (sobre todo a INLAND EMPIRE) en cuanto utiliza escenarios cambiantes e imprudentes, propone narrativas que siguen pautas cinematográficas y televisivas que luego se destrozan y utiliza lenguajes como el de la telenovela o el teatro para crear atmósferas de terror e incertidumbre total. También se puede comparar con films como Like Cattle Towards Glow de Zac Farley y Dennis Cooper o Mesa sto dasos de Angelos Frantzis, en cuanto aborda la cuestión de la homosexualidad desde una perspectiva más que incómoda y sin filtros de ningún tipo. Salvando el caso de Lynch, que ya tenía fama desde antes, el caso de estas películas puede asemejarse con el de la que nos ocupa en cuanto al abordaje de un nuevo tipo de imagen cinemática que es fácilmente condenable. Tal vez haya que esperar unas décadas para que películas como la de Doupé sean apreciadas de alguna extraña manera. Yo lo intentaré, porque detrás de todo lo malo hay algo que me hace reflexionar en torno a su forma. Como un extraño sentimiento de descubrimiento oscuro que intenta ahondar más en el porqué de su existencia… Aunque, tendiendo muy en cuenta lo que dijo Nietzsche: “si miras fijamente al abismo, el abismo te devuelve la mirada”, intentaré ir con pies de plomo al acercarme a la posible lectura oculta de obras como esta. Porque hay escenarios y propuestas demasiado aventurados que pierden rápido el norte y desembocan en la falta total de cualquier valor o moral humanos. Y eso, en un principio, parece ser lo que aquí se plantea. Dotar de libertad absoluta a un medio para ir lo más lejos posible (que siempre es demasiado) y terminar mostrando abismos tan negros en los que, inevitablemente, te caes.

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