Festival des cinémas différents et expérimentaux de Paris 2020: Competición 7

La séptima selección de films a competición del festival contiene grandes dosis de aberrante irreverencia estética y cúmulos de imágenes psicotrópicas. En la recta final del festival, que por motivos sanitarios se terminará de proyectar en salas mañana, nos encontramos con títulos tan dispares como Zachte Krachten o Durbaar.

Zachte Krachten (Julia Kaiser, 2019)

En los albores de un cine experimental de serie B, mezclado con el stop-motion y la división de pantallas digitales en un escenario, Zachte Krachten sería el film que mejor definiría los parámetros de lo extravagante y lo bizarro. La premisa de Julia Kaiser (directora, animadora, actriz, guionista y productora) trasciende lo hilarante para adentrarse en el terreno de la comedia negra. Una chica, Hans, que vive con su madre —una rana de fieltro— deberá afrontar su vida adolescente en un mundo lleno de disparates hasta llegar a montar una fiesta en su sótano a la que acudirá su profesor de Historia —un enmascarado hombre con senos— que intentará seducirla (con éxito). Este relato estruendoso y muy bizarro se hace gala de un manejo de los espacios cerrados tan obtuso como interesante mientras se mezclan diversos tipos de efectos, a cuál más llamativo. Pero, si vamos a hablar de efectos que llaman la atención, mejor fijarse en el vídeo de Phạm Nguyễn Anh Tú titulado không đề #2. Un popurrí de escenas inexplicables y carentes de sentido alguno, que se editan a trompicones mientras sus imágenes se trastocan con algunos efectos de baratillo. La falta de imaginación por parte del joven cineasta (al que vemos en todos los planos haciendo de dadaísta) y el continuo deseo de impactar porque sí conllevan al aburrimiento y la indiferencia absoluta.

En contraposición, encontramos el film de Nafiseh Moshashaeh, I tried to shout with them. Una película compuesta por fotografías de una huelga de artistas en Francia a la que la joven cineasta iraní acudió. Moshashaeh cuenta como fue el desarrollo de la misma y como ella se sintió al contemplar la ridiculez y el miedo con el que el ambiente parecía cargarse. No sin antes reflexionar sobre su propio origen y de explayarse en su crítica, la directora se dedica a poner en evidencia su propio papel en esa marcha. “En Irán manifestarse es mucho más peligroso” dice, mientras las imágenes ayudan a soportar la carga de desconexión entre ciudadanos y el racismo que florece antes de que la policía cargue. Haciendo de la huelga algo inútil e incluso ridículo. Un símbolo del fracaso inminente que resulta doloroso y, a la vez, lógico para ella.

Durbaar (Gautam Valluri, 2019)

De política nos habla también el cortometraje Le Régime de Régina de Julián Pedraza. Un truco publicitario que narra la subida de popularidad de “Regina 11”, un curioso personaje de la historia televisiva de Colombia que formó su propio partido “meta-político”. En la película se reutiliza el material de archivo de programas de televisión y vídeos propagandísticos en los que aparecía esta mujer sin más intención que la de curiosear en su peculiar subida al poder. Regina 11 era vidente, curandera, maga y adivina y consiguió encontrar una buena cantidad de adeptos a su cuestionable causa político-social. Un ejército de aduladores que rendían culto a su persona como si fuera alguien verdaderamente excepcional. Lo más interesante de este trabajo es el símil que se hace entre la figura de esta charlatana y el nazismo. El símbolo de Regina 11 se parece a la esvástica y a veces se la muestra con el brazo levantado ante una masa ingente de personas… Al margen de visiones, parafernalia esotérica y demás pastiches de Nueva Era, el cortometraje no rebasa la línea de la curiosidad y carece de la suficiente contrapartida documental. Es, en suma, una migaja de lo que podría haber sido. Algo que no sucede con Durbaar o con 3x Minispectacles Out of Tune. Dos obras que saben hacer de la brevedad algo muy grande. Mientras que Durbaar de Gautam Valluri juega con el gesto de un pavo real que abre la cola para desarrollar una leyenda en imágenes de un mosaico hindú, la película de Maarit Suomi-Väänänense propone, como haiku tripartito, establecer conexiones políticas y estéticas en torno a la Hungría actual. En su plano final, se ve un cisne que bucea en el agua durante tanto tiempo que da la impresión de que se ahoga. Sin saber la realidad de su acción solo se puede divagar al respecto, que es lo que hace el director. Al igual que Valluri, en su Durbaar, pretende dar una visión amplia y voayeurista del mosaico utilizando la entrada sinuosa al templo como inicio de su film.

Para finalizar, Atlas de Luis Ricardo García Lara, la película más interesante y formalmente rupturista (sin caer en la provocación banal) de la sección, se aborda a modo de atlas audiovisual sobre la caída en picado del ser humano. Utilizando fotografías de grandes obras de la Historia del Arte sacadas de su contexto y editadas digitalmente, el director rescata su forma y potencia de impacto, moldeándolas para que parezcan alteradas químicamente y muestren colores imposibles. Irradiadas y electrificadas las imágenes de todos los tiempos se unen en torno a un motivo: la violencia y el desespero que acompañan al hombre en su existencia. Su separación visceral de “el Todo” y su paseo hacia la ruina. Un narrador nos habla de la evolución de las artes maquiavélicas y acompasa la imagen simbólica hasta desfallecer y agotar el mismísimo tejido del tiempo. ¿Qué pasará ahora que se ha hecho del Progreso una meta indiscutible?

Atlas (Luis Ricardo García Lara, 2020)

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