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Waste No. 6: How Great (Jan Ijäs, 2019)

De proezas y desgracias, increíbles relatos verídicos y el documental como objeto a diseccionar, exprimir y llevar a terrenos más allá de lo concebido. La película de Jan Ijäs y la del dúo conocido como “Bambitchell” forman una precisa y refrescante lección anatómica del cine documental. Ambas son obras que sorprenden por su fondo y atrapan por su forma narrativa. Waste No. 6: How Great es un cuadríptico que continúa enriqueciendo el proyecto fílmico que comenzó en 2012 con Waste No. 1: Money mientras que Bugs & Beasts Before the Law comprende la novedad, tanto en forma como en fondo, del tratamiento de los procesos históricos en el cine.

Ijäs, por su parte, elabora un notable cuadro interconectado en el que Helsinki, Corea des Sur, Ghana y Turquía dialogan en torno al caótico e imprevisible mundo de la tecnología. Enfrentándose a la realidad de los “smombies” —neologismo que surge de mezclar las palabras anglosajonas “smartphone” y “zombies”—, el artista finlandés decide mostrar el proceso de desintoxicación de un centro para jóvenes adictos al móvil y a internet para, no solo aportar información al resto del mundo, sino para comenzar a hacer una férrea crítica a la sociedad moderna y, sobre todo, al Progreso. Los jóvenes surcoreanos que pasan más de diecisiete horas conectados al día se comparan, poco después, con los ghaneses que se dedican a recolectar el cobre de los aparatos electrónicos desechados en todo el mundo. Y frente a ellos, surge la imagen final de unos niños turcos que comienzan a leer libros por primera vez, contraponiendo una sonrisa a la tristeza de los anteriores rostros.

El proceso evolutivo de Waste No. 6: How Great es asombroso, desde su uso del narrador y la cámara acelerada para mostrar la inmediatez y el desasosiego de la sociedad coreana hasta el cierre de un círculo (abierto y ascendente) que se abarca desde el silencio, entre las llamas de los vertederos de placas base y los metales que los ghaneses, como carroñeros, reciclan para subsistir. Así, el documental de Ijäs se sostiene gracias a unas imágenes adecuadas al ámbito narrativo pero liberadas de él en cierta forma. Hay cosas que se dicen y no se muestran y cosas que se muestran sin necesidad de abordarse mediante la palabra. El film se construye en la base de un dinámico y reflexivo ensayo sobre el mal de las tecnologías y la veneración que se les profesa para luego mostrar la cara oculta del proceso de modernización de la sociedad: los basureros de África. La incomunicación que nace de los smartphone convierte a la gente en solitarios dependientes que, en lugar de encontrar una felicidad duradera y cierta, se ven inmersos en una debacle que se lleva sus conciencias y sus ganas de seguir descubriendo otros quehaceres. Su tristeza e inutilidad acumuladas termina por generar residuos materiales que convierten paisajes en infiernos y cambian radicalmente e involuntariamente el destino de otros. “Primer mundo” y “tercer mundo”, países “desarrollados” y “subdesarrollados” se enfrentan a problemas diferentes que vienen de un mismo elemento; el cual opera de formas también diferentes.

Pero, en medio de toda esa desgracia, tiene lugar una especie de rayo de luz. Una misión que recoge el testigo de los que ya no desean abrazar las tradiciones. El resultado cinematográfico de la obra de Ijäs es impresionante por el hecho, ya no solo de la historia (casi imposible de creer) que se cuenta al final, sino por cómo mezcla los hechos sacados de realidades que conviven, a pesar de situarse en partes tan lejanas del globo. La globalización como medio alienante para el ser humano y unificador para los que saben aprovechar el rastro de sus gérmenes se alza en forma de biblioteca generada a partir de libros abandonados por personas que tienen móviles “inteligentes”, tablets y ordenadores. Una especie de optimismo germinado y no impuesto se hace patente mediante la asombrosa historia de unos basureros de Turquía que recogieron libros de los contenedores y consiguen crear una colección de más de 25000 ejemplares. Una proeza que incrementa su valor gracias a la visión de Ijäs.

Bugs & Beasts Before the Law (Sharlene Bamboat, Alexis Mitchell (Bambitchell), 2019)

Una nueva forma de tratar la narración, en disgregación y asociación con las imágenes mostradas, viene dada por Bugs & Beasts Before the Law, un brillante ejercicio de recapitulación histórica que se sumerge en los sorprendentemente insustanciales anales de cierto proceso judicial del medioevo . Pues hubo una época, aunque cueste creerlo, en que los animales e insectos eran juzgados como personas. Cerdos, caballos, termitas y arañas que habían causado la desgracia o la muerte de alguien o eran acusados de posesión demoníaca tenían su juicio, su abogado defensor y su correspondiente condena. Desde lo civil a lo eclesiástico existía una ley extendida a los seres irracionales en países como Inglaterra o Francia, que estuvo en vigor por unos cuantos años para asombro tanto de historiadores como de espectadores. Sharlene Bamboat y Alexis Mitchell rescatan algunos de los textos e imágenes de los principales libros que han estudiado la materia para ponerlos a dialogar, directamente, con el presente.

Trabajando bajo el apodo de “Bambitchell” desde 2009, la práctica basada en la investigación de los artistas redirige el estrafalario texto hacia el ahora en forma de imágenes que se desenvuelven de forma asombrosa entre lo perspicaz y lo directamente acusativo. Los juicios que sustentan Bugs and Beasts Before the Law han sido documentados en las historias legales de Europa y han sido investigados extensamente por el académico estadounidense E.P. Evans, del cual se extrae el título del primero de los cinco capítulos en que se divide la obra. El film investiga las historias de las leyes de sodomía y las percepciones de la propiedad, para llamar la atención sobre el objetivo vacilante de seres subsumidos por el sistema de justicia penal. ¿Qué sentido tiene juzgar a un ser irracional? ¿Cómo es posible si quiera sugerir algo así? Reimaginando las percepciones comunes de la historia legal, mediante la imagen teatral y experimental, mediante las formas y la luz, para producir un mundo donde el pasado y el presente, la ficción y la no ficción, los humanos y los animales se entremezclan, el dúo de artistas consigue transportar su texto al presente y dar una visión muy amplia de tan aberrante práctica. A lo largo de la película persiste un trasfondo que sugiere cómo estas historias de juicios absurdos demuestran los largos legados de las estructuras de poder coloniales que se han prestado, significativamente, a formas continuas de opresión y castigo.

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