(S8) 2020 La flor del día #3: Naturaleza muerta

Narcissi (Shiloh Cinquemani, 2012)

El parpadeo y la sensación de movimiento que se crea a partir de imágenes fijas parece ser el motivo principal de las obras que se presentan el tercer día de la XI Mostra de Cinema Periférico. Narcissi, un breve pero intenso film rodado en 16mm, nos muestra como, mediante el montaje, un ramo de narcisos colocados en un jarrón pueden verse de diferentes formas. El acercamiento y alejamiento continuo y brutal de los planos a las cabezas de estos se asemeja al episódico juego de vistas compuesto por Toshio Matsumoto en Atman (1975) pero prescindiendo de la repetición abusiva y tremendamente agónica del film japonés. Cinquemani propone un planteamiento, a priori, simple pero que esconde ciertas pautas para comprender el significado real de un primer plano: delatar la verdadera naturaleza implícita en el rostro de un sujeto o una cosa.

Transcript (Erica Sheu, 2019)

Inspirada por otro cineasta experimental japonés, Erica Sheu compone la que, sin duda, es la mejor película del tríptico. Mediante la dicotomía formal de las flores y el papel, la estabilidad tan delicada y transparente de una serie de planos de plantas gypsophilas  y la degradación del celuloide propuesta para abordar la correspondencia de su propio padre, Transcript emerge de entre las sombras como un poema visual, silencioso y muy tenue. Un ejercicio de metonimia cinematográfica que, al igual que A Woman with Two Heads – A Shadow Film (Nito-onna: Kage no Eiga, 1977) de Shuji Terayama, trabaja con la ausencia y las sombras de lo que alguna vez fue para dotar a la imagen de una melancolía y una belleza comparables a la finura de su transición. Porque los cortes en Transcript nos hablan directamente de la relación entre los petalos de una toma y la siguiente, entre las ramas y el papel, las láminas cianotípicas y la imagen perenne que esconden.

Wasteland No. 2: Hardy, Hearty (Jodie Mack, 2019)

Por último, uno de los muchos trabajos de la cineasta americana Jodie Mack hace de broche para un jardín basado en las naturalezas muertas que se manifiestan por el montaje. Y, aunque el cine de Mack se acerque a una peligrosa ausencia de ritmo, su visión tan particular sobre la composición resulta ser algo refrescante (aunque también pesado). Wasteland No. 2: Hardy, Hearty continúa de alguna manera lo que Wasteland No. 1: Ardent, Verdant abordaba: esa unión entre el mundo capitalista y extremadamente mecanizado —por el que Mack parece tener cierta simpatía y, sin duda, una visión atrozmente optimista— que se complementa alegremente con el natural. Aquí ya no hay planos de placas base ni circuitos sino que únicamente vemos tres “estados” de diferentes plantas intercalados a alta velocidad. Flores congeladas en proceso de deshielo, plantas arrancadas con sus raíces intactas y las mismas flores bañadas en el agua que antes las atrapaba en su forma sólida se someten a una alteración inmaterial de su propia materia. El flickering continuo consigue que seamos incapaces de apreciar las imágenes en su totalidad, ofreciendo a cambio una dinámica casi locomotriz de un proceso de resurrección mientras la liquidez del film se convierte en marmóreo y colorista juego de acción-sin-reacción.

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