(S8) 2020 La flor del día #1: El jardín interior

Asparagus (Suzan Pitt, 1979)

El primero de los films que se presenta en la sección “La flor del día” de la XI Mostra de Cinema Periférico es uno de esas películas denominadas de culto. Asparagus, a la que se le achacan adjetivos tan pintorescos como psicodélica o surrealista, se define por la inventiva de su imaginario y la fluidez de su discurso. Tras la cortina de humo que supone su adhesión a una moda setentera asentada en la animación, originada por la mediocre Yellow Submarine de George Dunning, el film de Pitt sustrae la magia del modelo que utilizaron películas como Blancanieves y los siete enanitos o las “Silly Symphonies” de Disney para llevarlo a territorios cercanos a las obras “infantiles” de Carroll.

Una chica sin rostro aparece en una casa, aislada de un salvaje y exótico mundo en el cual se adentrará poco a poco. Optando por un tratamiento de ensueño en la imagen y por la espacialidad laberíntica de los interiores, Pitt lleva a la chica de viaje al exterior, al mundo de “fuera” que entroncará directamente con el descubrimiento de su sexualidad en la edad adulta. Así pues, el jardín de espárragos y otras plantas que tienen una doble naturaleza masculina y femenina servirán como vehículo para articular un dibujo amplio, abstracto y elocuente de algo tan íntimo como la sexualidad propia. Desde el bucle infinito que se divisa en el interior de la casa de la mujer hasta el cine/atracción mecánica en el que se mezclan dos tipos distintos de animación (tradicional y stop motion), las formas y figuras resultantes de la imaginación y las diferentes influencias artísticas de Suzan Pitt resultarán doblemente interesantes. Primero por su adecuación formal con respecto a la música y al tiempo de la película y, segundo, por su dimensión psicológica y referencial.

No creo que con Asparagus haga falta establecer una serie de pautas psicoanalíticas ni tampoco simbólicas para desentrañar sus misterios. Opino que, en este caso, el resultado entra mucho más por la forma propia de la obra que por el hecho de acarrear una serie de lecturas intelectuales. La sola presencia de los cortes y las transiciones es suficiente para admirar la belleza de un universo oscuro y alegre a partes iguales; donde el cuerpo se pierde y la mente se aviva. Y tras la máscara de teatro puede verse algo más que una cara o una boca… El paisaje absorbe a la persona mientras que ésta se hunde en la espiral de nuevo caos que se instaura. Y al final la simbiosis se completa en forma de felación de infinitos elementos.

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