Ascensão

Pedro Peralta (2016)

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Al amanecer, un grupo de campesinos intenta rescatar el cuerpo de un joven del interior de un pozo. Las mujeres ocultan sus rostros en silencio mientras los hombres hacen el esfuerzo físico tirando de la cuerda. En el centro de toda la acción, una madre espera el cuerpo de su hijo. ¿Cómo puede acabar la vida cuando en la naturaleza hay una renovación duradera?

La resurrección en Ascensão no tiene una dimensión sobrenatural visible, sino más bien todo lo contrario. En una serie de bellos y pausados planos secuencia, en los que la cámara se desplaza entre los huecos que deja la niebla previa al amanecer, construyendo un hilo inmaterial que va uniendo las pétreas figuras humanas, el realismo se mezcla con un aura difícil de describir. Como en las últimas obras de Béla Tarr, donde el realismo material y lo que podríamos llamar, el “realismo metafísico” —para hacer una comparación con la rama filosófica del mismo nombre— se mezclan, consiguiendo crear atmósferas únicas que devienen tangibles y místicas al mismo tiempo, la obra de Pedro Peralta se manifiesta como algo visualmente realista pero de contenido mítico o fantástico. Desde el mismo principio, en el que la niebla es espesa, hasta el final, donde ya se ha disipado, dejando ver los límites del lugar donde se sucede la acción, seguimos el travelling de una cámara “flotante” que actúa como nexo entre dos momentos: La plegaria silenciosa por la vida del joven que ha caído al pozo y el paso de éste a la otra vida.

La puesta en escena de Peralta no da pie a una interpretación definitiva y esto es lo más destacable del film. En el momento en el que sacan al chico del agujero, su madre lo abraza y éste abre los ojos, devolviéndole el abrazo, en una imagen que recuerda a la Pietà y supone una invitación a comparar la escena con la resurrección de Jesucristo. Pero no hay que obviar que aquí no pasan tres días, no hay tiempo para que se cumpla ningún tipo de profecía y que el hombre es sacado de la tierra y no bajado de una cruz. Además hay mucha gente alrededor, presenciando una escena que posee una dimensión superior a la que simplemente vemos. Todos ven como el chico se levanta pero se mantienen inmóviles, no por la sorpresa, sino porque la escena se desenvuelve en sentidos de acción y contemplación. Como una imagen que, sin significar nada, es muy significante. Una metáfora en sí misma, podría decirse. De entre todos los presentes, solamente la madre se acerca para despedirlo, mientras ellos no hacen más que contemplar un cambio de fase, ahora visualmente tangible gracias al arte del cine. Este planteamiento en el que se ve algo que “no puede verse” y existe una conexión directa entre lo real y lo espiritual se presenta formalmente en la película de forma admirable. El juego que se establece con la percepción de la imagen como algo realista y cartesiano, dejando la posibilidad de que no sea así, de que lo que creemos ver es en realidad una manifestación sobrenatural percibida como algo visualmente “real” es lo más cerca que se puede estar de un “realismo ontológico” —como lo está la obra de Tarr—.

Cuando el chico “despierta”, se levanta y camina hacia no se sabe dónde —quizá hasta el horizonte, hacia el confín del mundo, donde no hay distancias—, la niebla ya casi es inexistente ¿es esto un presagio de resurrección? Hay elementos dentro de la película que dan a pensar que puede serlo, como el hecho de que nadie lo acompañe dondequiera que vaya o que no haya diálogo que indique la verdadera naturaleza del chico. Me inclino a creer que su salida del pozo y su posterior marcha es, no un simbólico paso de la muerte al más allá, sino una conversión esencial del cuerpo material que “despierta” figuradamente en otro plano pero que se manifiesta visualmente en el mismo que venimos viendo desde el principio. Su alma tiene su forma y, ahora sí, al igual que Cristo, su cuerpo también desaparece del lugar donde yacía. La dualidad alma/cuerpo no parece existir para Peralta y, de forma asombrosa, se plasma durante toda la película mediante el uso de los planos secuencia que, como una unidad indivisible, conectan el mundo sensible y el espiritual, la vida y la muerte, la noche y el día.

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