La tierra aún se mueve

Pablo Chavarría Gutiérrez (2017)

vlcsnap-2020-04-03-16h35m02s540

La “historia” de una bruja en un mundo de noches infinitas y gestos irreductibles. El proceso de escribir una crítica de una película como La tierra aún se mueve requiere de la abstracción y la transformación del lenguaje que la película persigue y va descubriendo a medida que se devora a sí misma.

Pablo Chavarría Gutiérrez explora, tras Alexfilm y Las letras, la transmutación del lenguaje cinematográfico que ya Dziga Vertov quiso conquistar hace casi cien años. Como resultado de la experimentación y la “nueva visión” que se ofrece con La tierra aún se mueve, genera una experiencia de múltiples raíces con la construcción de imágenes que reflejan la incertidumbre de la era moderna y la sincera apreciación de la forma en su compleja totalidad. Siendo palpable que en una era en la que cierto tipo de construcciones narrativas, mecanismos e incluso imaginarios formales han sido explotados propiciando su propia aniquilación, es casi una obligación del artista el buscar nuevas formas de expresión o descubrimiento… de hacerse preguntas. Por esto, dada mi posición absolutamente irrelevante para con la película, decido escribir unas líneas algo fuera de lo común en la crítica de cine e intentar mimetizar lo que La tierra aún se mueve quiere reflejar.

Una flor, un pétalo que es un colmillo y una espina. Breve origen de la imagen de duplicada presencia, cuya inmanencia repele la significación y alude directamente a la visión. Visión primaria de la Tierra, sus rocas, musgo, raíces, savia y todo su verdor. Aparte de esto, hay más. Una oscuridad impenetrable, cuya única lumbre es el faro abstracto, siempre en movimiento de una farola callejera, perdida en medio de una carretera fantasma. El exquisito uso de la repetición nos conduce a este lugar encantado y misterioso; lo visitamos de maneras diferentes, aunque nos muestre siempre lo mismo. Y hay cierta verdad en ello. Todo lo que la mente no puede procesar, es el alma la que se debe ocupar y mediante el ojo, atraer esa imagen que permanece a una distancia y a un tiempo alejada de ti. El pelo de una mujer, el pelo de una bruja y su grito ahogado entre vahídos nocturnos. Se sucumbe al movimiento que aniquila la quietud anterior y el abatimiento e incluso el terror se presentan sin ningún tipo de alerta. Ahora la araña ya tiene su presa y en el pueblo hay una fiesta. Mientras que la bruja sigue gritando, los niños ríen y sus padres, con cara de sorpresa, miran lo invisible. En la oscuridad del mundo antiguo una tierra palpita además de girar. La imagen no solo arde, sino que vibra con ella. La tierra aún se mueve, en efecto, quizá más que nunca. La consciencia sin entendimiento, sin acercamiento alguno a la interpretación puede revelar más de lo que el análisis formal revela. El perro y su sombra deambulan entre las calles vacías y una presencia lo documenta. “Los ojos escuchan” así como el oído ve y los sentidos se trastocan al igual que las formas en la pantalla. Antes un pájaro muerto, ahora un cristal húmedo. El rostro de la bruja iluminado y transformado. Rescatando a Deleuze: “El cuerpo es un fenómeno de duración y no de espacio”, entre las fibras de los huesos se encuentran la vida y la muerte a cada rato y nos retrotraemos eternamente a esa curva de noche, a ese faro tembloroso. El coche avanza hasta que se queda parado y la figura de un hombre pasea por el otro lado. La oscuridad parece llamar y la luz no contesta. La bruja se introduce entre la multitud y alguien le sigue después, en la noche sin fin. La imagen se diluye y reverbera. Gestos, alguna palabra y todo lo demás, a ciegas. La bruja y el brujo. Una mesa de billar y una sonrisa. Las manos se entrelazan con dificultad, con histeria y con una suave violencia. Ahora termina la película y comienza el proceso. ¿Proceso de qué? De nacimiento. Las olas son el latido del mar. Atardece. En la oscuridad, la belleza de lo grotesco. Las tortugas marinas depositan sus huevos en los agujeros de la playa y el objetivo —que es nuestro ojo— espera a que la esfera que contiene la vida nos ciegue completamente.

Tras esto, dos textos de inicio descartados, cartelas de El hombre la cámara y “lo que arde y no se dice”. “El exceso de vida”.

vlcsnap-2020-04-03-16h30m31s353vlcsnap-2020-04-03-16h30m39s042vlcsnap-2020-04-03-16h30m49s175vlcsnap-2020-04-03-16h30m57s238vlcsnap-2020-04-03-16h31m08s362vlcsnap-2020-04-03-16h31m14s538vlcsnap-2020-04-03-16h31m53s208vlcsnap-2020-04-03-16h32m01s148vlcsnap-2020-04-03-16h32m18s944vlcsnap-2020-04-03-16h32m24s915vlcsnap-2020-04-03-16h32m35s252vlcsnap-2020-04-03-16h32m41s745vlcsnap-2020-04-03-16h33m04s579vlcsnap-2020-04-03-16h33m18s749vlcsnap-2020-04-03-16h33m32s669vlcsnap-2020-04-03-16h33m39s719

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s