He venido a leer la noche (Festival Punto de Vista 2020)

Manuel Fernández-Valdés (2019)

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Podría decirse que He venido a leer la noche es una reinterpretación del teatro gestual y la danza sin temor a equivocarse, pero es más interesante ver la película como un bebé de las obras más teatrales de Bergman —Tras el ensayo, Creadores de imágenes o En presencia de un clown— llevadas al imaginario postmoderno, mas allá del concepto y la física del cuerpo en el escenario.

Raquel Sánchez es la que guía y Mónica Valenciano su, podríamos decir, aprendiz. Aunque sus roles se suspendan, estancados en la libertad del estudio, sus espasmos y saltos guían,a  su vez, su actuación. Porque He venido… es una película que no lo es, que habla de vivir actuando y lo hace de manera tan literal que, a veces su descontrol irradia una sensación de cálculo, sorteando barreras nada fáciles de burlar. Mónica interpreta y vive al mismo tiempo, eliminando cualquier ápice de mentira en el film y al mismo tiempo haciendo de él un gran vacío de aspavientos. Fernández-Váldes, por su parte, consigue atraer al espacio cinematográfico el espacio corporal y atractivo del movimiento a pesar de su nada logrado estilo de filmar —lo que hace a la película digna de atención es, sin duda, el trabajo de las actrices—. El tiempo se contrae y dilata, ya sea en una conversación que se repite del revés o en unos pasos acompasados de frases recreativas, modélicas del absurdo. Se aglutina la Nada de manera que se saca el instante imperecedero del ahora y la película pasa a no poderse abordar de otra manera que desde la inmanencia de la sala de cine, ni antes ni después.

Una de las preguntas clave mientras se ve el proceso de creación que es el fil es ¿quién es Mónica? ¿el personaje? ¿la persona? Actriz que habla de conceptos que pueden serle ajenos, que le vienen de repente a la cabeza. Escritura del cuerpo, preguntas, reflexiones  y bastantes tonterías que terminan por carecer de un significado, eso que tanto se busca hoy en día —incluso en el cine experimental—.

Cuando se huye de la interpretación es cuando surge lo indescifrable. Algunos movimientos de cámara que se asemejan a la incertidumbre del espectáculo acaecido responden al comportamiento caótico de los cuerpos pensantes. Una frase de la película lo resume todo: ¡Qué desorden de instante! El cuervo de Edgar Allan Poe también decía una palabra carente de sentido y el protagonista —que no es el hombre, sino el lector— se lo tenía que dar. Aquí sucede lo mismo.

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