Gora

Stefan Malešević, 2016

descarga

En los montes Šar, en la región de Gora, habita una comunidad musulmana que vive de acuerdo a su tradición. Los hombres, que son en su mayoría pastores, cuidan de sus ovejas, mientras los niños juegan a la pelota y los viejos descansan al sol.

Malešević filma la vida en este pequeño pueblo entre las montañas de Serbia y Macedonia, haciendo hincapié en el paisaje, mostrando a las personas como meros accidentes en su plenitud. La manera en la que el director serbio recoge las imágenes de las colinas y bosques es paulatina, haciendo un uso del travelling horizontal que se caracteriza por su limpieza y sencillez. Adecuando su forma al lugar donde está e intentando recrear ese sentimiento de paz y tranquilidad que se respira en el pueblo, la arquitectura natural y la artificial son las protagonistas del film.

Uno de los últimos resquicios de la Europa no-moderna, se retrata como una postal en eterno movimiento, un recuerdo de una región donde sus habitantes gozan de la suficiente libertad que otorga el aislamiento, pudiendo dedicar su vida al credo, la música y el trabajo de la tierra. Y es que, precisamente, en estos tres elementos se encuentra el quid de la película. La continua e interesante repetición de las acciones a lo largo del film dicen más de lo que las palabras hubiesen conseguido, haciendo que la música sacra o los cánticos de ensoñación y enamoramiento resuenen con mucha fuerza entre la inmensidad de las praderas. Cada vez que se oye una canción, no sabemos quién la canta, haciendo que nos parezca un elemento extradiegético para ambientar la imagen, pero pronto el travelling sinuoso nos lleva al origen del sonido: un hombre que mira al horizonte mientras entona un son romántico.

Las mujeres resuenan con fuerza en las sílabas musicales y nos percatamos de su ausencia absoluta en el film. En un sentido cinematográfico, la respuesta a esta falta de figuras femeninas responde al hecho de que la religión y tradición de Gora impide que se tomen imágenes de las mujeres, pero en un sentido fílmico, suscita una poderosa carga evocadora en la obra. Se canta a algo que está y no está al mismo tiempo en un fuera de campo imaginario y se aprecia la presencia de la mujer en todo su misterioso secreto. Justamente por el hecho de no estar presentes y dedicar todo el entramado musical y una mención directa en la mezquita, ellas, al igual que el viento, se hacen visibles en su invisibilidad.

Gora supone un visionado más que interesante de otro de los alumnos de la film.factory del maestro Béla Tarr y responde a un sentido contemplativo y tradicional que dan un soplo de aire fresco en la cinematografía europea contemporánea.

images

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s