SANTA TERESA

Alessandro G. Capuzzi & Emanuele Dainotti, 2016

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En poco más de diez minutos, un suceso da comienzo después de finalizar. En Santa Teresa, ciudad mexicana del estado de Chihuahua, se sitúa la película de Capuzzi y Dainotti, quienes, a partir de un único plano fijo, juegan con los roles de los personajes en una atmósfera fría y nocturna.

Dos forenses examinan un cuerpo tendido y atado en el suelo de un descampado al tiempo que una detective llega para investigar. El tiempo real obliga a prestar la máxima atención, no solo a los movimientos de los figurantes, sino a la ausencia de estos. Las luces de las farolas permanecen intactas, arrojando esa tenue luz sobre el escenario del crimen, mientras que, a la vez que la escena avanza, la realidad se trastoca con un gesto. Cuando los forenses abandonan el encuadre, la detective, inquieta, da vueltas alrededor del cuerpo, como si intentase sonsacarle algo. Y efectivamente, así es pues ahora, de pronto, el cadáver se mueve y comienza a forcejear.

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El tiempo pasado y futuro se entrelazan con la figura de la mujer como nexo y nos adentramos en una dimensión diferente, pues seguimos en el mismo plano y ahora vemos que ha pasado antes del principio. La detective comienza a patear al hombre y en un sorprendente giro argumental, lo empieza a torturar llegando incluso a “violarlo” con un objeto alargado. Después lo mata. Siguiendo una lógica realista —para nada recomendable en este cortometraje—, podemos pensar que simplemente se nos narra un evento en el que un policía corrupto al servicio, presumiblemente, de un cártel de la droga asesina a un pobre desgraciado en mitad de la noche y que, tras esto, llegan los forenses con el mismo detective para investigar. Pero se puede hacer una lectura más interesante, suponiendo que, ya que el tiempo se ve truncado y se mezcla consigo mismo, también pueden hacerlo los personajes. ¿Y si la mujer es un hombre y el hombre una mujer? No sería descabellado pensar una reversión de los sexos, pues el acto de violación ejecutado por la detective es tan inverosímil por la posición de su cuerpo que puede tener un carácter simbólico, teniendo en cuenta también que, en la propia sinopsis de la película se nos recalca que, en Santa Teresa, hay más de 300 casos sin resolver de jóvenes asesinadas entre la década de 1993 y 2003.

Sea como sea, este relato que acaba por convertirse en infinito —pues la imagen acaba tal como empieza, pudiéndose repetir el film en bucle—, que recuerda al mito de Sísifo, peca quizá de ser demasiado escueto en cuanto al planteamiento temporal. Si bien es cierto que tiene su interés formal, da la sensación de que la medición extrema de las pautas para que la transición resulte precisa, conlleva a que se note demasiado la artificialidad de la situación.

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