HÄXAN

EORÐESLAJYR (2016)

En la materia

que nunca duerme,

rey de los fenómenos,

y de las formas,

solo vive Satán.

Y detenta el imperio

en la luz trémula

de un ojo negro,

donde lánguido

huya y resista

o acre y húmedo

provoque, insista.

Inno a Satana de Giosué Carducci

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Häxan de Benjamin Christensen es una película de culto —término a evitar en este espacio— estrenada en el año 1922 que se proponía un ejercicio más o menos reflexivo e ilustrativo acerca de la brujería en la Historia. Basándose en escritos e información recopilada, el cineasta danés construyó un film dividido en siete capítulos, creando historias que ilustraban lo que los textos exponían.

94 años después, en 2016, se crea una revisión colaborativa de carácter experimental que ve la luz en 2019. El grupo EORÐESLAJYR se propone usar imágenes de la Häxan original para dar vida a su álbum con un homenaje y reedición de la película homónima. Lo curioso de HÄXAN es que, subvirtiendo el texto de Christensen —pues lo elimina directamente, reduciendo así el metraje y dotando de un carácter distinto a la obra—, convierte las mismas imágenes en portadoras de mensajes distintos. Si en la cinta de 1922 el terror se daba por la representación de algo descrito y acaecido en un pasado, ahora la historia se torna verdadera. El nuevo terror se sustenta en revivificar los temores de antaño, mezclando la paranoia del montaje y el proceso de alteración química con un ambiente de pesadilla constante, consiguiendo así crear, a partir del falso documental de Christensen, una historia de brujas y demonios muy bizarra. El paganismo, da una vuelta de tuerca al racionalismo casi cientifista de Christensen, pues la brujería existe —al margen de que consiga los efectos sobrenaturales que se le atribuyen o no— al igual que el Mal. Ahondando en los anales de la Historia y las distintas tradiciones, podemos observar cómo, lo que se entiende por brujería, se practica desde hace eones y solamente cuando se lo asocia con el culto a Satán —bastante después del final de la Edad Media— se convierte en un mal punible. Más allá de la simbología y parafernalia utilizada en el imaginario colectivo del medioevo —más artística que literal, indudablemente—, lo que Christensen ataca en su obra, que es la caza de brujas, se realizó en torno a los siglos XVI a XVIII —Edad Moderna— siendo en Alemania donde se asesinaron más personas —mujeres en su mayoría— a causa de este evento.

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En otro orden de cosas, HÄXAN propone un registro totalmente nuevo de la banda sonora —como ya hizo el colectivo Egde Ensemble con The Wind de Victor Sjöström—, dando matices más oscuros y estridentes a la obra de Christensen. Las voces guturales y las melódicas, imitando cantos folklóricos esotéricos nórdicos mezclados con los chelos y la percusión más graves, consiguen dar a las imágenes de Häxan el toque abrumador que merecían, ya que en la versión de 1922 la música es una de las principales desventajas —aunque siempre se puede ver la película en silencio absoluto—. Quitando la Sonata Claro de Luna de Beethoven o el Ave María de Bach, interpretadas en el tramo final del film, el resto de la animada banda sonora genera un molesto sentido contradictorio que termina por ensuciar las grotescas imágenes, de alguna manera.

La experiencia que es HÄXAN posee su mayor fuerza en el tratamiento casi quebrador que se da a las imágenes. Mediante solapados, procedimientos químicos y unos gamberros intertítulos que rayan lo obsceno, el director exprime al máximo el horror visual del que gozan la mayoría de los planos. Escenas como la del Sabbath o la del convento —aunque esta se asemeje más a un videoclip por el hecho de adecuar los cambios de plano o de pigmento al ritmo de la música— hubieran hecho las delicias de aquellos individuos que acudían a las salas de cine en los sesenta, hasta arriba de LSD, cuando se reestrenó Häxan. Al fin y al cabo, esta nueva versión no deja de ser una excusa para promocionar un disco —muy interesante, dicho sea de paso— y acaba por convertirse en un producto meramente sugestivo, al margen de la aparición de los miembros del grupo, envueltos en tinieblas y maquillaje barato al principio y al final del mismo.

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