De la imagen antropológica en Natureza Morta y Madre Dao, con forma de tortuga

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Imagen de Moeder Dao, de schildpadgelijkende

Moeder Dao, de schildpadgelijkende (Vincent Monnikendam, 1995) es un film documental de 1995 que recoge imágenes de películas de nitrato de los archivos nacionales holandeses. En ellas, se muestra como se llevó a cabo el proceso de colonización en las Indias desde una perspectiva de orientación civilizadora y posterior explotación de la tierra y sus habitantes.

Natureza Morta (Susana de Sousa Dias, 2005), al igual que la anteriormente citada, se basa en imágenes y películas de archivo que se ralentizan para buscar una mayor comprensión de lo que las mismas representan. La dictadura de Salazar es el tema principal, aunque buena parte del metraje se centra en las colonias portuguesas en Guinea.

Izq.: Natureza Morta, dcha.: Moeder Dao, de schildpadgelijkende

Tras esta breve introducción, presentando de forma orientativa las películas que van a ser objeto de una resonancia formal, es necesario aclarar que, aunque a las dos obras las separen diez años y tengan nacionalidades muy distintas, su objeto es el mismo —contar por medio de una imagen ilegítima lo que la Historia esconde— y el modo de acercarse a un tema tan interesante y escabroso como es la colonización de territorios ajenos por sus propios países de origen resulta bastante similar en cuanto a forma y contenido. Si de Sousa Dias se preguntaba por el proceso de reversión el mensaje de las imágenes generadas por los camarógrafos portugueses mediante el reencuadre, el slow-motion o los fundidos, Monnikendam consigue lo mismo, haciendo del montaje y de la visión subjetiva de lo que otros han filmado su mayor baza. En Moeder Dao… se nos presentan imágenes de propaganda de la Holanda de los años diez, veinte y treinta que muestran la labor del hombre blanco en lo que hoy en día es Indonesia. El ánimo civilizador que choca terriblemente con la cultura de los nativos, se vuelve algo verdaderamente terrorífico al producirse la intrusión de costumbres, tan alejadas de estas gentes, que dan a luz a imágenes grotescas, entre las que destaca la de unos niños de entre tres y cuatro años fumando cigarrillos como si fuera algo completamente normal.

Imágenes de Moeder Dao, de schildpadgelijkende

Monnikendam hace un ejercicio reflexivo mezclando la poesía local que cuenta la creación del Mundo, con el apocalíptico proceso de occidentalización. Es de una oscura belleza presenciar los acontecimientos del afán expansionista, que puede cambiar y cambia las cosas en unos pocos años, en los que el mundo descubierto se adapta al del descubridor. Ver, como la película nos muestra, costumbres de los nativos que a cualquier persona civilizada le parecerían salvajes y, en algunos casos, deleznables en esos años (y hoy en día) —las escenas de sacrificio animal, la caza de los cocodrilos y las danzas— convertidas en lo único que sugiere algo de naturalidad y autenticidad es, definitivamente, brillante a la vez que hiriente. Hiriente por reconocer que en Occidente hace mucho que se perdió un tipo de espiritualidad que unía al hombre con lo real de manera irreal; una unión con el Todo o con Dios, si se quiere, que aspiraba a un tipo de trascendencia que, en los territorios, mal llamados, subdesarrollados se había logrado por medios religiosos ampliamente distintos a los de la religión judeocristiana —y me refiero a ella por el hecho de que era la practicada en Holanda y Portugal en el momento de la colonización—. Cada tradición espiritual tiene sus pros y sus contras, claro está, pero el deseo de salvación mediante la conversión “fácil” o la imposición directa —ejercicio que llevaba a cabo el protestantismo en las imágenes de Moeder Dao…— resulta inútil a la vez que irrisorio en su concepción. No hay más que fijarse en la escena dónde un misionero enseña a cuatro niños a santiguarse, como si de un juego infantil se tratase…

Imágenes de Natureza Morta

Por su parte, Natureza Morta explora el colonialismo portugués de manera diferente pero convergente en la búsqueda de resultados. Su recomposición del material encontrado se basa en las miradas de los africanos que, con suspicacia y desconfianza, observan como algo raro está sucediendo. Concretamente una imagen, la de unos niños llevando a cabo un ejemplo de danza tradicional para deleite de los visitantes —soldados, en este caso—, supone un punto de inflexión en el largometraje. Los soldados, ajenos a la tradición y a lo que ese baile representa o puede representar, tan solo ven a unos pequeños dando graciosos pasos alrededor de otro que toca el tambor. Por su parte, los niños sonríen al ver que su danza alegra a los adultos que los rodean, exhibiendo sus sonrisas al unísono, pero hay un niño que expresa su descontento con un rostro lleno de desconcierto e incertidumbre. Comprendiendo quizá, que los soldados ríen como si estuvieran en un circo y no porque estén felices de deleitarse con su baile. Que él y sus compañeros son el objeto de disfrute por su inocencia y tontorrona puesta en escena —al igual que el pequeño mono que se ve en la primera escena del film— y que están siendo engañados por partida doble, pues los soldados no comprenden lo que ellos proponen ni los demás niños saben que ellos no lo saben. En su inocencia, siguen danzando como monos de feria exhibidos a un público incapaz de apreciar el sentido último de su movimiento. Movimiento en el que de Sousa Dias basa la totalidad de su obra, para escudriñar los estratos de la imagen e intentar sacar a la luz una verdad oculta en el nitrato.

Imágenes de Natureza Morta

Estos dos films documentales abogan por un uso específico de la imagen y el sonido —en forma de acompañamiento atmosférico para narrar lo que con palabras hubiera sido diferente—. Confían en el poder de la imagen, única e independiente, para que diga lo que tiene que decir sin más trabas que las del montaje que las enlaza. Un montaje basado en cortes rápidos —sin miramientos ni esperas que induzcan a la unión poética— que consiguen un efecto de contracción ante la dilatación de las imágenes, verdaderas protagonistas y narradoras de procesos de la Historia que obligan a una profunda reflexión. No solo para con el pasado de Occidente, sino para nuestro presente. De las imágenes en los films tratados se concluye, por mera observación y posterior impacto cultural, que el proceso de colonización trajo unas consecuencias funestas para las tradiciones espirituales de los territorios ocupados. Ejerciendo una dominación por medio de una superioridad intelectual —distinta a la sabiduría ancestral que pudieran tener los nativos— y tecnológica adherida al proceso institucionalizado de evangelización se condenó la esencia misma de cada ser humano en determinadas partes del globo. Suprimiendo así una identidad y un legado transmitido en el tiempo, de una manera violenta —propia de una conquista imperial— y basada en la mentira del progreso.

Imágenes de Moeder Dao, de schildpadgelijkende

Lo que resulta más interesante es que hoy en día se siga esta premisa, la del progreso a toda costa, para seguir cambiando los hábitos y costumbres de países y territorios. Hay una gran similitud entre el fin primordial del colonialismo —conquistar para civilizar y civilizar para explotar— y lo que hoy en día se conoce como multiculturalismo, que, a grandes rasgos, termina por condenar la identidad de un país para crear una especie de conglomerado falsamente libre bajo la atenta vigilancia de un Estado que normalmente es democrático-capitalista. Sea como sea, parece lógico pensar que la intromisión de extraños y sus costumbres en un territorio debería ser pacífica, consentida y no intrusiva, pero lo cierto es que la realidad es más difícil. Por un lado, podemos pensar en las imágenes de Moeder Dao… y Natureza Morta, junto con las de los films de Yervant Gianikian y Angela Ricci-Lucchi y compararlas con las de los refugiados en París o Londres en la actualidad, y, por otro, podemos aceptar que la Historia es un flujo continuo, que juzgar el pasado sin tener en cuenta el presente es una idiotez, que todas las civilizaciones tienen un origen y un final —la nuestra también— y que mirar de frente a los problemas, mirar de frente a las imágenes de estas dos películas, es tan doloroso como inútil.

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