Antler

Atoosa Pour Hosseini (2018)

La naturaleza enjaulada en un invernadero que se expone a diferentes tratamientos y puntos de vista con un fin todavía por dilucidar. En éste cortometraje de la directora Atoosa Pour Hosseini, nos adentramos en una especie de recapitulación de vida silvestre. Un compendio de imágenes originales y material encontrado, principalmente, de plantas e insectos que evoca un mundo extraño y juega con la percepción del mismo. Un glosario a modo de Manuscrito Voynich —con el que guarda estrecha relación— que, al igual que éste, carece de un idioma conocido y su interpretación requiere una investigación detallada.

Una mujer prepara una cámara para capturar imágenes y acto seguido dos fragmentos que no pertenecen ni a lo anteriormente visto, ni a lo posteriormente filmado, se suceden dándonos una visión algo inestable de un prólogo: un ciervo en la noche que mira atento al objetivo y un puñado de capturas del cielo crepuscular. Éstas imágenes, filmadas al exterior nos adentran —mediante un buceo entre las hojas de una planta— en el mundo del invernadero. Allí el sonido aparece y es antinatural, se contrapone totalmente a las imágenes de insectos y flores, dándoles oro significado. Otra percepción. Como si de un proceso de invención se tratase, algo tan familiar como una polilla pasa a convertirse en un ente extraño, el cual sufre una mutación visual por culpa del proceso manipulador del celuloide. Las fisuras y tratamientos en la película conllevan a hacernos ver algo tan pequeño y simple como un ser distante, asombroso e inquietante en su forma y movimiento. Lo mismo sucede con los reptiles, los arácnidos e incluso los humanos.

Si bien el mundo dentro del invernadero es distinto, los seres humanos cambian una vez dentro. Las dos mujeres que se adentran y viven el él se muestran impasibles, serias e inertes. Una graba y la otra sujeta un espejo; única fuente de luz ardiente y cegadora que intenta mostrarnos el reflejo del mundo más allá de los cristales, sin conseguirlo apenas, dado que su fulgor es demasiado fuerte. Ellas deambulan por este pequeño paraje, rodeadas por criaturas de sueño y consiguen ver algo detrás de lo que allí yace. Mediante la cámara, consiguen entrar dentro de otros mundos particulares y salir del suyo propio. Los ciervos pueden ser la clave para comprender la magnitud de la libertad en cautiverio. Aunque parezca que sean dominantes y esbeltos, en realidad son frágiles y están desconcertados. En el tramo final del cortometraje se los ve desde dos puntos de vista distintos: el cervatillo cauteloso y el venado altivo. Dos personalidades, una de protección y otra de fragilidad, que necesitan la una de la otra para subsistir. Equilibrio que se puede asemejar también, al de las dos mujeres del invernadero.

Sea como fuere, no hay que intentar ser muy concreto cuando hablamos de películas como Antler pues, al igual que el Manuscrito Voynich, puede tratarse de un endiablado conglomerado criptográfico o una sucesión de símbolos al azar debido a su lenguaje desconocido y por tanto, indescifrable.

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