Luminous Void: Docurama

Rouzbeh Rashidi (2019)

Luminous Void Docudrama 6

El curioso cine de Rouzbeh Rashidi podría definirse en una sola palabra, pero sería demasiado poco esclarecedor hacerlo. Por esta razón hay quienes optan por usar un diccionario completo de adjetivos muy diversos y diferentes para intentar determinarlo. Respuesta lógica para hablar de algo que no tiene ningún sentido concreto y se limita al experimento más extravagante y personal.

Luminous Void: Experimental Film Society Documents es un libro que cuenta la historia de la EFS ,y que contiene impresiones e información acerca de sus miembros. Su fundador, Rouzbeh Rashidi, se declara como un cinéfilo y un cineasta al que le interesa más propiciar una experiencia única que cualquier otra cosa. Con Luminous Void: Docurama, el cineasta de origen iraní afincado en Irlanda, logra su objetivo… a medias. Mediante una amalgama de imágenes de naturaleza psicodélica y exacerbada, como un eco de la cúpula del placer de Kenneth Anger excedida, el director lleva la imagen y el concepto de ella a un nivel «alienígena» y absolutamente chocante —aunque dentro de ese choque haya mucha simbiosis cutre y un aire psicótico más interesado en la mera radicalidad—. Un conjunto de colores vibrantes que distraen, atraen, horrorizan y asombran se suceden en una vorágine en la que cada plano intenta ser más psicodélico que el anterior. Un cuadro lleno de pigmentos radioactivos que incitan a la perturbación de los sentidos y cuya pretendida innovación se ve eclipsada por una puesta en escena que anula una verdadera experiencia inmersiva. Lo curioso es que, tras esa puesta en escena tan pintoresca y aun pareciendo que haya algo más o lo vaya a haber, no se da tal cosa. La película juega constantemente con las ideas inacabadas, desechadas o simplemente atractivas (dependiendo para quien) que se quedan a medio camino entre lo visualmente interesante y lo vacuo.

Un documental de un documental, la película de Rashidi viaja de la nada a la nada, en un vacío constante. Un vacío lleno de luz que no es real ni arroja sombra sobre los objetos, sino que funciona como escaparate new age de figuras fotogénicas. Un paseo por el espacio y la mente de un hombre que no lleva a ningún punto y dista mucho de conseguir un objetivo concreto (aunque tampoco lo busque de manera deliberada). Todo el aparato «pensante» de la película recae en el elemento clave en el cine de Rashidi: el espectador. La figura del espectador es la que interesa al director, no desde un punto de vista comercial —espectador que se entretiene— ni tampoco profundo —espectador que presencia una obra de arte—, sino simplemente partícipe de una bacanal. Rashidi crea su cine para ser experimentado desde una mirada infantil ya que él mismo también se considera un mero espectador, tanto que afirma que la película se construye a sí mismo y lo utiliza como mera herramienta para manifestarse. Él y su cine son lo mismo, según sus palabras, y es por esto que se presenta tras la cámara y ante ella, ambas dentro de la pantalla (al menos en su etapa más reciente), como un demiurgo que a la vez es un mero peón que orbita en el abismo intentando dilucidar lo que él mismo ha creado.

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La película cala hondo si se mira con ojos de niño, es decir, desprendiéndose de cualquier conocimiento y pensamiento crítico y dejándose sorprender por la fugacidad de sus formas. La naturaleza de Luminous Void: Docurama es ambigua, difusa y reiterativa, pues todo puede significar cualquier cosa, y si no significa nada queda la venerada «experiencia». Experiencia aburrida, en ocasiones curiosa y, sobre todo, menos explosiva y radical de lo que aparenta. Si se produce una inmersión al visionar la película, aunque las muchas rupturas lo impidan, quizá pueda llegar a apreciarse la obra más como pieza artística que como un batiburrillo de imágenes estocásticas que tienen un cierto atractivo. Desde la sala de grabación hasta la lectura de un pasaje, la incertidumbre y la incómoda sensación de estar presenciando algo que podría no ser más que una tontería grabada por cuatro amigos, se ve eclipsada por un suceso aún más desconcertante, pero que da pistas sobre lo que la película quiere de ti: una atención ciega, una inmersión total sin importar lo que se nos presente (quizá sea pedir demasiado…). La película, en mi opinión, precisa de un espectador dócil para hablar de la Historia del Cine al tiempo que hace un despliegue de los muchos filtros visuales del cineasta.

1. Luminous Void: Docurama (Rouzbeh Rashidi, 2019)  2. Un rêve solaire (Patrick Bokanowski, 2016)

3. Luminous Void: Docurama   4. Stellar (Stan Brakhage, 1993)

5. Luminous Void: Docurama   6. La maison ensorcelée (Segundo de Chomón, 1907)

7. Luminous Void: Docurama   8. As I Was Moving Ahead Occasionally I Saw Brief Glimpses of Beauty (Jonas Mekas, 2000)

9. Luminous Void: Docurama   10. Chelovek s kino-apparatom (Dziga Vertov, 1929)

11. Luminous Void: Docurama   12. Un rêve solaire (Patrick Bokanowski, 2016)

13. Luminous Void: Docurama   14. The Inauguration of the Pleasure Dome (Kenneth Anger, 1954)

15. Luminous Void: Docurama   16. La ville des pirates (Raoul Ruiz, 1983)

17. Luminous Void: Docurama   18. Le cercle rouge (Jean-Pierre Melville, 1970)

El cine que Rashidi más «homenajea», es el de la invención, el del siglo XIX y principios del XX. La época en la que surgió el cine y se creó el concepto no artístico de captar la realidad para reproducirla ad infinitum. Un cine precursor del cine de la atracción y el embelesamiento que pasa ahora a un nivel moderno y consciente de sí mismo. El cine de atracciones pasa a ser cine de adicciones en cuanto la imagen, el color, el sonido y el montaje se unen para dotar al celuloide de un efecto narcótico, sin más ambición que la de impresionar. Luminous Void: Docurama es, junto con TRAILERS, el perfecto ejemplo de posesión catatónica en el nuevo cine experimental, pues ningún gesto quiere decir nada ni tampoco negarlo. El uso de los «personajes» acompaña al apartado visual, a lo misterioso del propio medio: la imagen trastornada, y como tal, el misterio se explora en su totalidad partiendo de una base completamente libre (y vacua). Rashidi experimenta, es un alquimista que atomiza el cine y como un poseso, decide enseñarnos todo lo que consigue crear sin dejarse ningún producto archivado.

Comparación entre Luminous Void: Docurama (izq.) y TRAILERS (Rouzbeh Rashidi, 2016))

En mi cine siempre he tratado de documentar científica y artísticamente cada experimento que realizo en mis obras, sin excepción.

Rouzbeh Rashidi

Sumando la experimentación más grotesca con la continua sucesión de imágenes y pistas que desentonan tanto entre sí como con la imagen, la opción de optar por un montaje caótico es absolutamente necesaria. Para la experiencia de la que hablábamos antes, un montaje frenético, expresivo y cambiante debe ser el eje de este tipo de cine. Se suprime así cualquier ápice de reflexión durante la película y con ello se pierde también la cordura y el punto de vista crítico. Todo esto, sin embargo, no quiere decir que la película no se preste a un proceso de análisis intelectual. Cuando termina la película, y más en la forma en que lo hace, podemos salir del trance/pesadilla y pararnos a pensar en un par de cosas. Sobre la razón de la película o su sinrazón, sobre el placebo que es la película. Sobre el dolor, sobre las personas y las deidades, sobre el director, sobre el erotismo voayeurista y la mezcolanza de pigmentos; sobre el espacio como unión del terror. Sobre el Vacío.

Con mi cine, siempre he tratado de convertir mi agresión, tristeza y ansiedad en dolor y, posteriormente, transformar este dolor en experiencias sensoriales audiovisuales extremas. Contrariamente a la creencia popular, el dolor es el elemento más crucial y vital en cualquier entidad individual que exhibe las propiedades de la vida como seres humanos. Con el dolor, puedes reflexionar sobre los asuntos, contemplar y sentir los sentidos. No puedo hablar en nombre de todo y de todos, pero es lo que hace que mis películas y yo estemos vivos.

Rouzbeh Rashidi

El dolor se manifiesta mediante la imagen, los gritos ahogados de los actores se oscurecen entre estridencias y bloqueos. El ser humano impostado posa desnudo en la oscuridad, reflejando una sociedad divinamente vulgar —aparentemente ininteligible— unida a un sentimiento horripilante. Todo eso acaba con la orden del director, se retrocede al principio. El viaje es maleable; el cine, una ilusión. Magia impostada. Todo lo que acontece se desvanece en unos pocos segundos y se vuelve al origen del «docurama». El cine de Rashidi es un grito desesperado, ora interesante ora exagerado. Una completa masa informe donde los sentidos se descontrolan y causan una extraña molestia. Un viaje personal y, al mismo tiempo, impersonal que se caracteriza por su deseo de perturbar, su visceralidad y su paranoia.

Luminous Void Docudrama 11

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