Cut to the Chase

Dean Kavanagh (2015)

Captura de pantalla (740)

La estática visión del cine de Dean Kavanagh causa una especie de mezcla entre la serenidad contemplativa y el malestar psíquico. Su forma de tratar el celuloide y de narrar lo que, a priori, parece algo ininteligible no deja de provocar una sensación de miedo interno que resulta de lo más extraña. Una sensación que no es debida a un material aterrador ni a escenas perturbadoras, sino al dominio de la figuración y su trato de la realidad hermética.

Con Cut to the Chase se nos enseña a ver la plasticidad de la imagen, mediante un aura entre realista y onírica; un ocaso en el mundo de la mente que invade el espacio cerebral del espectador y conecta con una naturaleza demasiado animal para sumirse en la inestabilidad. Los pulidos zooms sobre la yerba o las arrugas de la piel mientras la imagen se queda petrificada y el tiempo pasa despacio son el origen de un permanente advenimiento. Y es precisamente esa permanencia la que crea el terror, pues la falta de apogeo de este «relato» es la clave para dilucidar su naturaleza.

Kavanagh es un director remodernista, y hay que saber esto para entender mejor la falta de clímax en sus películas. Él no pretende seguir al común de cineastas, ni siquiera en el ámbito «outlaw» o «underground», y recurre a la inquietante premisa de suprimir la resolución culminante además de la argumentativa. Porque el suyo es un cine de calado, de profunda obsesión por lo personal que se abre para mostrar espacios psicológicos y en temas de una profundidad desconocida no hay trucos que valgan ni desenlaces absolutos. De ahí lo interesante del título que hace referencia a la incauta expectación que se espera de cualquier película (tanto por parte de otros cineastas como del público); un momento cumbre, una acción «decisiva» que suponga el fin del crescendo en la narrativa de la obra y a la vez haga de preludio al desenlace.

No hay final en Cut to the Chase, como tampoco hay final en la vía del tren. El recorrido de ese órgano que llamamos ojo nos lleva desde la maleza hasta la imagen sin materia; la luz y la sombra primitivas que permanecen en el plano sin ir a ninguna parte, quedándose atrapadas para siempre en su indefinición.

Captura de pantalla (748)

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