Nostalghia

Andrei Tarkovski (1983)

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La penúltima película de Andrei Tarkovski versa sobre la vida y su devenir mediante el sacrificio y la sobriedad; dejando claro que el hombre débil no es un luchador, pero sí un vencedor de la vida.

Gorchakov es un escritor, un poeta ruso de paso por Italia cuya alma está anclada en el mundo de las ideas y se debate entre el pasado y el presente. Visto desde fuera como un hombre tosco y nostálgico, su interior refleja una inquietud espiritual; algo contra lo que no puede combatir por más que lo intente. Ya al principio de la película él no entra a la iglesia junto a Eugenia porque sentencia que está harto de «sus cosas» (las de los italianos). Su ruptura con la realidad lo convierte en un aburguesado y melancólico personaje que se debate entre un origen y un ahora que lo hacen arcaico. Preocupado por cuestiones terrenales y de pensamiento que aún no llega a comprender, permanece anclado en su memoria, en el recuerdo de la patria y la familia en su niñez.

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En la secuencia de la iglesia Eugenia pregunta al sacristán, descubriéndose por primera vez su afán autodestructivo, «el porqué las mujeres son mas devotas que los hombres». Buscando una respuesta en el hombre religioso, que no es más que un hombre sencillo y que poco o nada puede decir sobre eso, la chica obtiene una evasiva. El sacerdote ya conoce el tipo de persona que haría esa pregunta y a la par que siente que debería ser claro, se abstiene (al menos al principio) y baja la mirada. «Una mujer sirve para tener hijos, para criarlos, con paciencia y sacrificio» le responde, desnudando su personalidad y acrecentando su indiferencia. No voy a entrar mucho en lo que se puede leer en esta frase por lo implícito del pensamiento cristiano de Tarkovski que superpone los designios del cuerpo a la voluntad individual. «Servir» en el sentido de «llegar a ser» es una idea hoy descartada por la mayoría pero que Tarkovski, en su tiempo no dudaba en representar mediante todo el film de Nostalghia. Eugenia se siente desligada de su feminidad, de su sino último y sagrado. Desde que pone un pie en el templo siente como que hay una fuerza en su contra, que no es más que la que ella deja prevalecer. Su figura se aleja de la de las otras mujeres que allí moran, arrodilladas mientras oran… admirando la belleza de las velas y el silencio mágico que se apodera de los muros. Y al salir los pájaros del interior de la Santa, como materializando el milagro que es dar a luz, cosa que solo una mujer puede conseguir y quizá comprender, ella se muestra impasible, incluso altiva. Su personaje es un dibujo de la negación de la espiritualidad frente a la búsqueda del placer evidenciado en la secuencia de la conversación por teléfono con Gorchakov, casi al final, donde queda claro que ella ha escogido otro tipo de «atadura», la insulsa vida de la mediocridad, siendo paradójicamente víctima de la servidumbre de la que hablaba.

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Gorchakov investiga a Pavel Sosnovski, un músico ruso que se hizo muy famoso en Italia y que tras su regreso a casa se suicidó. En el hotel donde se aloja todo es lúgubre y triste; las sombras se apoderan de la vida y el aire de melancolía y nostalgia puede incluso palparse en las paredes. Allí Gorchakov está cautivo en su momento de oscuridad más completo donde la noche que es su vida llega al punto más opaco. Él duerme y el perro aparece por la ventana, tumbándose a su vera. Es entonces cuando tiene un sueño que mezcla a Eugenia y a su madre en una misma y simbólica visión de amor perdido/amor negado, que acaba acentuando su mirada personal sobre la muer en sí. En su misma cama aparece una figura preñada y serena (casi aludiendo a Zerkalo y su escena de levitación), soberanía de la Madre en el mundo y en la vida. Solo después de esa noche oscura se ve la claridad, ya que la bruma solo está sobre las aguas de la piscina y la luz llega a través de un personaje esencial para Gorchakov: Domenicoo, un outsider que no es sino la voz de Tarkovski… Algunos lo llamarán apocalíptico, extremista, agitador… pero nada más lejos de la realidad. Él es quién ha abandonado las banalidades y las posesiones, quién se arrepiente profundamente de los pecados que cometió en el pasado… Él, que vive en la soledad, entre suciedad, bajo la luz y sobre el agua (su casa tiene goteras y parece estar en una inundación perpetua que purifica a la vez que se filtra por las grietas); que habita un espacio personal y a la vez de acogida para otras almas descarriadas, vacío de cosas y lleno de vida es la luz que va a iluminar el camino de Gorchakov de aquí en adelante. Cuando éste lo visita, vemos que es un hombre sencillo preocupado por las pequeñas cosas y absolutamente inquieto porque, según él, el mundo no es como debería. «Una gota más una gota hacen una gota más grande y no dos» (1+1=1). La revelación que allí, en la casa de Domenico, se le presenta a Gorchakov nada más entrar y fijar su mirada al tiempo que la cámara ahondar en el charco y el musgo, es semejante a la del final con la catedral y la casa, pero revertida. La imagen ve de fuera hacia dentro haciendo lo grande, enorme en su pequeñez. Entre el musgo y el barro se ven una montaña y un valle que a medida que el zoom es mayor, dibujan un paisaje increíble, contenido dentro de un nimio charco…

En Nostaglhia el agua es promotora de una purificación y una apertura a otro modo de pensar e incluso de vivir. Para Gorchakov, el encuentro con Domenico y la presencia del agua van a ser una revelación esencial que lo llevará de viaje entre el sueño y la vigilia, hasta el agua misma: la sangre del mundo. Tras la vista de un ángel de piedra ahogado, cubierto por las plantas en una imagen de belleza y significado superiores, él se sumergirá casi por completo en un manantial dentro de una ruina. Allí beberá vino, se embriagará con la vid del nuevo mundo y tras una aparición, la sugestiva idea de la belleza del amor y su sobriedad («los sentimientos no hablados son inolvidables…») se llegará al punto clave de comparar la historia de un hombre que es feliz en el barro y dar a entender su misma posición en el mundo. Gorchakov empezará a comprender casi inconscientemente que hay que «aprender a no fumar y hacer cosas importantes». Su proceso de abrazo a la vida empezará a surgir y mediante otro sueño, otro despertar, verá su semejanza con Domenico el cual le «pasa el testigo» de laguna forma. Caminando por los arcos de los absoluto, Gorchakov se debatirá ante la decisión más importante de su vida mientras Dios conversa con la Mujer que le pide que lo guíe ante Su negativa: «Imagina qué pensaría si oyese Mi voz […] Yo la hago sentir siempre [Su presencia], es él quien no es consciente de ella». El peso de la Verdad es demasiado grande para el hombre que intenta encontrarla… entonces las canciones de su infancia serán eludidas y decidirá marcharse porque todavía tiene dudas, todavía sigue con el cigarro en la boca.

La llamada de teléfono Eugenia (o más bien su monólogo), sumada a la consciencia de Gorchakov de que lo banal no le aporta ya nada le hace superar la barrera impuesta por la mediocridad y lo lleva, casi de manera instintiva, a cumplir lo que le prometió a Domenico. Gracias a la trágica situación de cuanto le rodea Gorchakov se da cuenta de que debe llevar la vela a través de la piscina termal (ahora vacía) mientras pospone, para siempre, su regreso al hogar. Simultáneamente, Domenico acabará por dar su magnífico discurso¹ subido a la estatua de Marco Aurelio en Roma, donde la magnitud de lo «malvado» alcanza niveles colosales. Allí sonara la novena sinfonía de Beethoven de una manera estruendosa y quebrada, haciendo una descripción de la desacompasada y trágica muerte de Domenico. Gorchakov, en respuesta a la escena, llevará la vela hasta el otro lado de la piscina al tercer intento y también dejará este mundo. Dos fuegos que son uno, símbolos de esperanza y salvación y también de sacrificio. Gorkachov deja la realidad tangible y se traslada al mundo de las ideas, a la casa de su niñez donde, casi tumbado, mira al infinito acompañado por el perro que deambulaba entre ambos planos (físico y metafísico) y el charco que refleja un ápice de la eternidad. La cámara actúa a la inversa que a la entrada en la casa de Domenico; podemos ver lo simple ligado a lo grandioso, lo personal a lo impersonal, lo individual a lo monumental. Desde el pequeño reflejo de la catedral en el charco hasta su visión completa se necesita tiempo y una amplia vista. En la memoria inmemorial del agua surge la clave para llegar al Cielo.

1-

«¿Qué ancestros hablan en mí? No puedo vivir al mismo tiempo en mi cabeza y en mi cuerpo… Esa es la razón por la que no puedo ser una sola persona… Puedo sentir en mí, una infinidad de cosas a la vez. El gran mal de nuestra época es que ya no quedan grandes maestros. La senda de nuestro corazón está cubierta de sombras… Debemos escuchar las voces que parecen inútiles. En cerebros llenos de largas tuberías de desagüe, de muros de colegio, de asfalto y de prácticas asistenciales… ¡Qué entre el zumbido de los insectos! Debemos llenarnos, ojos y oídos con cosas que son el principio de un gran sueño. Alguien debe gritar que construiremos las pirámides… ¡No importa si no podemos construirlas, debemos alimentar el deseo! Y estirar los rincones del alma, como una calle sin fin. Si queréis que el mundo siga avanzando, debemos tomarnos de las manos. Debemos mezclar lo que se considera sano, con lo considerado enfermo. ¡Vosotros los sanos! ¿Qué significa vuestra salud? Los ojos de toda la humanidad están mirando al foso en donde todos nos estamos precipitando… ¡La libertad es inútil si no tenéis el coraje de mirarnos a la cara… comer, beber y dormir con nosotros. ¡Es lo considerado sano lo que ha llevado al mundo al borde de la catástrofe! ¡Hombres! Escuchad: En vosotros, agua, fuego, y después, cenizas. Y los huesos dentro de las cenizas… Los huesos y las cenizas. ¿Dónde estoy, cuando no estoy en la realidad o en mi imaginación? He hecho un nuevo pacto con el mundo. Debe estar soleado de noche y nevado en agosto. Las cosas grandas acaban, las pequeñas perduran. La sociedad debe lograr unirse de nuevo, en vez de desunirse… Solo mirad la naturaleza, veréis que la vida es simple. Debéis volver a donde estuvisteis ¡al punto donde tomasteis el desvío erróneo! ¡Debemos volver a los principales fundamentos de la vida! Sin ensuciar el agua… ¿¡Qué clase de mundo es éste, si un loco os dice… que deberías estar avergonzados!?… ¡Oh madre, Oh madre! El aire es ese algo ligero, que te gira alrededor de la cabeza, y se vuelve más límpido cuando reís.»

Domenico

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