El espíritu de la colmena

Víctor Erice (1973)

vlcsnap-2019-01-07-18h31m13s523

Con una sobriedad exquisita y la avidez de un poeta árido, Víctor Erice hace fluir un cuento que se convierte en mito. En El espíritu de la colmena, Ana e Isabel, hermanas y opuestas en esencia, acuden al visionado de Frankenstein de James Whale. El cine llega a sus vidas, el monstruo también: y con él, Dios.

Pasando por alto una simple conexión entre lo real y lo imaginal se puede pensar que el aliciente de la película sirve solo para sembrar una duda en Ana. «¿Por qué el monstruo mata a la niña y porqué lo matan a él?» Su hermana sabe que en el cine todo es mentira, pero ¿acaso lo es? Acaso El espíritu de la colmena lo es también? Puede ser que en este mundo idealizado (la colmena, distinta y semejante a la de Cela) no quepa una verdad tan fuerte como la que a Ana le es revelada en el río, puede que no seamos capaces de entender si el monstruo es real y este encuentro tan «fantástico» sucede de verdad.

vlcsnap-2019-01-07-18h25m58s168

Haciendo memoria, en el cine como en la Historia, se han dado acontecimientos inexplicables, pero no por ello menos reales. El hecho de que el Hijo de Dios venga a la Tierra y obre milagros o que un místico explique las cosas de manera tan sencilla que hoy en día parecen incomprensibles es algo similar a lo que acontece en los finales del Ordet de Dreyer, el Stalker de Tarkovsky o El espíritu de la colmena. Algo imposible de explicar con las herramientas de lo racional, con el método científico o con la psicología. Aspectos, todos estos, que representan a Fernando, un ser atrapado en sí mismo y en su mundo interior, tan calculado como alejado de la realidad. Es él quien no puede ver más allá de los cristales/panales mientras el eco de su voz resuena en su cabeza, remitiendo a su cíclico encarcelamiento interior. Es él quien niega el dulce olor de una seta debido a su condición venenosa, separando el bien y el mal de manera superficial.

Los personajes de la película son el retrato de un rol espiritual que se acentúa al saber que sus nombres concuerdan con los de los actores en la realidad. Ellos no son muy distintos a las abejas de Fernando, viviendo entre paredes y ventanas ámbar, ensimismados con sus tareas bajo el sol y la luna. Pero, de entre todos ellos, la pequeña Ana es diferente. Es una especie de personificación de la mirada inocente y también de la esperanza, en contrapunto a su hermana no de forma bíblica (no son como Caín y Abel) sino en cuanto a manera de ver más allá de lo considerado «real». Isabel no cree en fantasmas ni espíritus, su juego infantil se reduce al susto y a la sorpresa premeditada con resultados vacíos a largo plazo, pues solo busca una reacción inmediata. Ana se toma los juegos como parte de algo sustancial, adquiriendo un estado de atención y fascinación cada vez que algo inesperado sucede. La escena en la que ve a su hermana desplomada en el suelo e intenta dilucidar si es otro de sus trucos o que de verdad está muerta hacen que la niña conozca el temor y el dolor por la pérdida de un ser querido. Y mientras busca ayuda desesperadamente, riega la semilla de su alma y su pensamiento en continuo devenir. En otra escena, cuando Isabel entra en la casa abandonada por una de sus puertas, la incertidumbre, el misterio y el miedo de no saber donde ha entrado o porque ha osado hacerlo se adhieren a la curiosidad y fascinación de su hermana. Toda la realidad, tan práctica e insulsa para los demás, se torna ideal para ella ya que, el hecho de adentrarse en lo desconocido supone un sinfín de posibilidades. Cuando Isabel sale por «el otro lado», habiendo superado una oscuridad vacía por imposible de mostrar nada, Ana se siente aliviada al igual que desconcertada… Cosas tan simples como el sonido del tren resonando en las vías, el olor de una seta o el monstruo de una película son para ella algo más de lo que su propia naturaleza sugiere y es por esto que Dios decide mandarle un mensaje.

Un personaje sin nombre, sin historia, sin voz, aparece saliendo del tren, un mensajero de lo desconocido que se «acomoda» en la casa encantada donde se ha dicho que habita «el espíritu». Es entonces cuando el cuento infantil cobra vida y se crea el fantasma a partir de la ¿coincidencia? que lleva al miliciano republicano a ocultarse en la casa. Éste se convierte en ser mágico y el cuento en mito. El reloj desaparece y con él, el tiempo real. Un gesto de compasión con forma de manzana se torna símbolo y Ana da un paso más para descubrir una Verdad más allá de lo terrenal. De nuevo se presenta otra prueba para que dude, para que cambie. El hombre, ahora su amigo el espíritu, se desvanece y/o, en una lectura verosímil (histórica), es asesinado. Ana descubre la sangre y redescubre el sentimiento de pérdida; entonces su mente choca con una realidad distinta (en la que todos los demás se encuentran y que está llena de dolor) mientras surge un debate en su interior que culmina con la figura de su padre ante la puerta de su santuario. La culpa y el planteamiento de aceptar esa realidad la sumen en un estado de desconcierto que la lleva a refugiarse lejos de todo lo humano. Sabiendo que existe algo corrupto en ese nuevo mundo, Ana huye al bosque donde la noche la abraza y ve su reflejo en las aguas azules. La película se asemeja a la de Whale en una escena tan brillante como clave, pues aquí se pone de manifiesto el poder del cine para esclarecer la realidad e incluso para ir más allá. Ana recurre a un apartado divino de la naturaleza y de su ser mientras intenta descifrar qué pasa en el mundo. La escena más espiritualmente real de toda la cinta se presenta pues como una onírica visión que sugiere mucho más de lo que muestra. Pues el monstruo, el espíritu, aparece revivido en una forma que sugiere una mezcla entre un recuerdo y una idea; primero mediante el reflejo y luego en carne y hueso. Él se acerca y Ana sabe que va a morir porque ha visto la película, pero ahora conoce también la respuesta a su inicial pregunta. Conociendo el porqué del asesinato de la niña a partir de la razón del asesinato del monstruo, la niña, con un gesto de ensoñación y una sumisión total a los designios del Cielo, da su vida corpórea para trascender.

vlcsnap-2019-01-07-18h34m59s672

A la mañana siguiente el día es silencioso. Los patrulleros encuentran a la niña en un lugar diferente, un emplazamiento muy alejado respecto al último en el que la vimos. Un arco que separa dos mundos y dos realidades diferentes, pero que también supone una barrera entre la iluminación y la duda. La familia permanece igual, a excepción de la madre, quien decide olvidar el pasado (quemando la carta que leía sin cesar) y aferrarse al presente. «Lo importante es que tu hija sigue viva», dice refiriéndose a Ana; y quizá nunca lo haya estado tanto. Entre vaivenes, la noche cae de nuevo y la pequeña se despierta, tras un día completo de sueño, en plena noche, sedienta. Tras saciar su sed, se dirige hacia el ventanal como si una fuerza la empujase. En otra escena, el padre tantea el reloj y su mecánica interpretación lo sume más en el tiempo cronológico, mientras éste ha desaparecido para Ana. Ahora ella clama a su interior, mirando al exterior, cierra sus ojos y habla con el espíritu. Habla consigo misma. Habla con Dios.

El espíritu de la colmena es una película de vida y muerte, de realidad y fantasía, de fe y razón. Contada con susurros y conversaciones sin palabras, narrando sentimientos mediante connotaciones musicales que evocan alegría y tristeza, circula en torno a la división entre la inocencia y la falta de ella representada en dos hermanas que comparten un vínculo cada vez menos fuerte. Isabel padece de vacuidad e intenta llenarla mediante el placer, ya sea causando daño a otros o dejándose absorber por la vileza de un mundo que no comprende, mientras que Ana es inocente, sensible y esencialmente bondadosa. Tal y como se dice en la clase de anatomía: «los ojos son la ventana del alma» y mientras se tengan abiertos hacia lo insólito, hacia la vasta inmensidad del espíritu, podrá hallarse un conocimiento que unirá tu ser con la Verdad como si de un mágico cuento se tratase.

Un comentario sobre “El espíritu de la colmena

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s